Aprobar importa, aprender no

La referma de la ley educativa

Este martes pasado ganó por mayoría la votación en el Congreso para paralizar la implantación de la  LOMCE (Ley Orgánica de Mejora para la Calidad Educativa), hecha a propuesta del PSOE. Hubo 186 votos a favor frente a 112 (con 41 abstenciones). Votaron en contra de la paralización el PP y ERC y se abstuvo Ciudadanos, muy criticado por los partidos de izquierda –sobre todo por Podemos- que le acusan de romper el acuerdo que mantiene con los socialistas. Votaron a favor PSOE, DiL, PNV, Podemos, Compromís, Bildu y CC.

La educación española se ha ido degradando tanto desde la aprobación de la LODE en 1985 que ya parece que de igual que seamos de los peores en los países de la OCDE, que se nos sitúe sistemáticamente a la cola en los informes PISA o que sea testimonial la presencia de universidades públicas españolas en el ranking de las primeras 400 universidades del mundo. Lo importante es aprobar, quedar mejor en esas listas, pero nadie intenta verdaderamente mejorar la educación.

En España, la educación viene moldeada por leyes socialistas desde hace más de 30 años, quitando los últimos dos de la LOMCE, también conocida como Ley Wert. Con la LOGSE de 1990 se afianzó el modelo de la mediocridad, que lo que hace es bajar el nivel de exigencia en vez de apostar subirlo y por un modelo basado en la calidad, el sacrificio y el esfuerzo. Se iguala por abajo para que todos tengan una oportunidad pero se debería igualar por arriba en materia de exigencia para que todos los estudiantes tuvieran un mismo baremo y no se promocionara de curso porque se permita pasar con 4 suspensos, debería ser al revés. Por no hablar de que hay 17 modelos educativos que quedan evidenciados en su desigualdad en cualquier universidad de una ciudad grande, como Madrid o Barcelona, que acoja a estudiantes de otras provincias o Comunidades. Los estudiantes de Extremadura, Canarias y Andalucía tienen más dificultades que los de Madrid o Cataluña, por ejemplo, porque tienen unas notas que no se corresponden con los conocimientos que en realidad tienen y sufren más.

Hay países en que se trabaja y se aprende, como Francia, Alemania o Reino Unido. Hay países en que se aprende pero se trabaja poco, como los nórdicos. Y luego está España, en donde se trabaja y no se aprende, porque el modelo no busca que el alumno razone y aprenda sino que apruebe un examen, lo que provoca falta de motivación, desafección, fracaso escolar y abandono temprano. Una maravilla.

Hay que decir también que en otros países, como los nórdicos o Reino Unido, ha habido una estabilidad en el sistema educativo gracias a que los partidos políticos no han hecho de ello un arma arrojadiza. Aquí, en cambio, la educación se utiliza para atizarse políticamente unos a otros y, además, se utiliza para ideologizar a la población, como quedó demostrado en el gobierno de Zapatero cuando en 2006 metió de regalo en la LOE la Educación para la Ciudadanía. Eso después de que al poco de llegar al Gobierno bloquease la entrada en vigor de la anterior LOCE de José María Aznar, aprobada en 2002, que nunca llegó a entrar en vigor.

De aquellos polvos, estos lodos; no nos puede sorprender que si la base del modelo educativo ha sido ésta durante tanto tiempo, ahora la gente vote masivamente a las confluencias y a Podemos cuando hablan de una renta mínima garantizada por el hecho de tener un DNI español. ¿Y el trabajo? ¿Quién habla de dar a cambio de recibir? Lo que hace esta educación socialista es hacer pensar siempre en los derechos sin cumplir con ninguna obligación y como eso es lo que se ha favorecido, que se iguale por abajo abriendo la mano sin importar el trabajo, esto tiene un calado en la sociedad que se extiende al ámbito laboral.

Además el sistema está mal parido, porque es ridículo que en las universidades públicas los grados cuesten 11.000€ al año y en las privadas 9.000€; esto quiere decir que las públicas son mucho más ineficientes en su gestión de recursos (que son el dinero de todos). Es ridículo que se toleren sistemas como la inmersión lingüística porque se dan situaciones como que un niño de Madrid que se mudó con su familia a Mallorca, al llegar al cole no entendía lo que explicaba el profesor porque sólo hablaba en mallorquín. Por no hablar de la madre que tuvo que cambiar a sus hijos de colegio porque todo el pueblo se puso en su contra al pedir un mínimo de horas a la semana en castellano ( www.youtube.com/watch?v=Omy0nGwBnc). Es ilógico que las manifestaciones que se hacían en las universidades catalanas en contra de la subida de tasas en plena crisis económica (que pasó a bonificarse un 5% menos, hasta el 85% “sólo”), acabaran pidiendo más catalán y ya de paso la independencia de Cataluña. En la Universidad Pompeu Fabra, la niña mimada de la Generalitat, se tienen que impartir clases de ortografía española porque los estudiantes, especialmente los de los pueblos de la Cataluña interior, sólo saben escribir bien en catalán. Todo muy objetivo y sano para la convivencia.

Ahora parece que ninguna fuerza política –quitando al PP y Ciudadanos- quiere el modelo de la LOMCE, que es la primera ley que apuesta por la calidad en la enseñanza y prefieren, como hasta ahora, seguir con una ley de corte socialista que implique que el alumno no va a razonar ni a aprender, sólo a trabajar a cambio de una nota en un papel y con todo el permiso para olvidar lo aprendido una vez hecho el examen.

En mi opinión, la educación tiene que ser eminentemente práctica, tiene que estar conectada con el mundo real y debe permitir una conciliación laboral-familiar buena. Idealmente se debería hacer casi todo el trabajo en el centro educativo y el mínimo posible en casa, lo que aunque en carreras universitarias no sea posible, sí se puede facilitar aliviando la carga teórica y facilitando la entrada en el mundo laboral con prácticas o becas.

La LOMCE defiende un modelo de enseñanza que implica tener pruebas externas, tipo “reválida”, en las que el alumno se examina con un tercero independiente y se iguala a todas las regiones de España pero en exigencia y no en mediocridad. La ley no es perfecta, evidentemente, lo que se acentúa con la solicitud de moratoria de varias Comunidades Autónomas para la implantación de la misma pero la realidad es que no ha habido hasta ahora una  ley en España que apueste de verdad por la calidad en la enseñanza.

Lo que deberían hacer los partidos políticos es dejar de utilizar la educación como arma ideológica, sentarse para acordar una ley que tenga estabilidad durante 20 o 30 años al menos y después pensar en una unificación del modelo educativo que permita a los estudiantes una educación en español de calidad en todo el territorio. No me parece que esté planteando ninguna locura, pero en este Parlamento lo que se ha aprobado es paralizar la implantación de la LOMCE para después derogarla y no se plantea ninguna alternativa lo que, de prosperar, nos puede llevar a un limbo legal en el que no haya Ley Educativa, ni socialista ni de calidad. Qué pena que de esto no se hable en las negociaciones para formar Gobierno, debe ser que no es muy importante…

Autor: Álvaro Solé Torrecilla

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por CUNEF (Universidad Complutense) en la especialidad de Dirección Financiera; y en la actualidad trabaja en el departamento de banca de inversión de un conocido banco español, en el área de finanzas corporativas.

Para Álvaro la política es una pasión a la que dedica sus ratos libres: en redes sociales, redactando artículos, participando en debates y ponencias y, puntualmente, como asesor de campañas electorales. Sus áreas de mayor interés son la política española en general y la catalana en particular, además de la  política internacional, en especial la Unión Europea, Oriente Medio y Estados Unidos.

Aprobar importa, aprender no
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