Bernie Sanders, el discurso de la coherencia

El efecto Bernie y su mensaje, que se replica en una innovadora y muy pulida campaña digital”

” Bernie Sanders de alza como referente de una izquierda invisible hasta hace muy poco en Estados Unidos”

De origen judío, 74 años y abuelo de siete nietos. A ratos gruñón y de aspecto algo desaliñado, fue documentalista y carpintero, grabó un álbum de folk y hasta caracterizó a un rabino fanático del beisbol en una película sin fama ni gloria. Dedicado a la política desde 1981, en su biografía destaca que ha sido el senador independiente con más tiempo en la historia de Estados Unidos antes de pasar a las filas demócratas en 2015.

Activista por los derechos civiles, fue detenido en Chicago en una protesta por la igualdad racial, fue miembro de la Liga Socialista de la Juventud (YPSL en inglés) y en 1963 estuvo en la histórica marcha en Washington donde Martin Luther King Jr. pronunció su atemporal “Yo tengo un sueño”.

Barack Obama se ha referido a él como el “socialista que fuma marihuana”, las dos cosas las ha admitido: lo de la hierba que la consumió alguna vez y lo de socialista… lo proclama a los cuatro vientos. Sin duda, hablamos de Bernie Sanders, el precandidato demócrata que va a contracorriente del status quo de Whashington y que ha hecho saltar las alarmas en el comando de campaña de la todopoderosa Hillary Clinton.

La fuerza del mensaje

El candidato hipster, del voto indignado o de los jóvenes (en especial, de los millennials nacidos a partir de 1985) tiene un discurso vehemente y con ciertas dosis de populismo que ha conectado por algo muy sencillo y a la vez muy difícil en política: decir lo que la gente quiere escuchar (o por lo menos parte del electorado), pero con honestidad. Y eso en tiempos desafección, poca credibilidad y desconfianza en los representantes públicos es una novedad.

De hecho, en eso de la honestidad le lleva ventaja a Clinton, que no es valorada precisamente por esta cualidad. Ya en New Hampshire las encuestas a pie de urna -como la de ABC- señalaron que la elección se centró en el candidato que fue percibido como más honesto. El 92% se decantó por Sanders, el 6% por Clinton.

El senador por Vermont, además, es empático, otro punto débil de Hillary desde su primer intento por llegar a la Casa Blanca en 2008. Su equipo se emplea a fondo este 2016 con una estrategia para acercarla más a la gente y proyectar una imagen de menor frialdad.

El quid del asunto es que Sanders no solo cree en lo que dice, sino que es coherente entre lo que dice y lo que hace. No hay ruido en la comunicación. Su storytelling triunfa porque hay un storydoing que lo sustenta desde hace décadas.

Es auténtico. Transmite su verdad, otra cosa es si su revolución pacífica en lo político y en lo económico se puede lograr o no. Por eso siempre repite a los estudiantes: “No os pido que me votéis, sino que ayudéis a transformar el país”.

Traslado del eje electoral

‘El efecto Bernie” y su mensaje, que se replica en una innovadora y muy pulida campaña digital que hace las delicias de los analistas y de la que hablaremos en el próximo artículo, ha logrado que su socialismo democrático sea creíble.

Ha trasladado el eje electoral hacia la izquierda y ha desplazado a Clinton a la derecha en el espectro demócrata. Para el columnista de The Washington Post E. J. Dionne, “Bernie Sanders ha ampliado la conversación política”. “Presenta una posición de izquierda democrática auténtica que hacía tiempo que no se escuchaba con tanta contundencia”.

Sanders desempolvó rarezas conceptuales en la retórica electoral estadounidense como oligarquía, revolución, igualdad o lucha contra las élites. Recoge la indignación ciudadana y la convierte en cambio y esperanza. ¿Cómo? Lo deja claro su director de comunicación, Michael Briggs, en la BBC Mundo: “habla de asuntos que los grandes medios no tratan y sobre los que a una mayoría de estadounidenses -ya sean republicanos, demócratas o independientes- están de acuerdo”.

Y esos temas -asignaturas pendientes de la sociedad americana- se han convertido en la esencia de su programa electoral: la lucha contra la desigualdad en el país más rico del mundo. “No podemos estar de acuerdo en todo pero podemos estar de acuerdo en la injusticia que supone la desigualdad y en la corrupción y la disfunción que define nuestro sistema”, es uno de sus mensajes-clave.

Sanders -dicen sus acólitos- “envía un mensaje a Wall Street y a Washington” de que “el gobierno le pertenece a la gente y no solo a los ricos”. Por ello propone subir el salario mínimo de 7,25 a 15 dólares progresivamente hasta 2020 y crear empleo a través de programas federales de infraestructura con especial énfasis en la juventud.

Sus otros caballos de batalla son la gratuidad de la educación universitaria y la cobertura universal de salud. Para financiarlas apela a subir impuestos a las grandes corporaciones y a los que más tienen. No es nueva ni original la idea, pero tampoco es postureo: solo basta ver sus alegatos en el Capitolio o leer su libro Discurso: sobre la codicia de las grandes empresas y el declive de la clase medias, para comprobar que es consecuente con los principios que profesa.

En su campaña no ha recibido ni un solo dólar proveniente de esas corporaciones. Utiliza la figura de crowdfunding a partir de pequeñas donativos de particulares, de algunos sindicatos y apuesta por una reforma de la financiación electoral que limite el poder que ejercen esas grandes empresas con su lobby y poder económico.

A favor de la reforma migratoria, su lucha también incluye el cambio climático. Y seguro que hoy, que se celebran primarias en Wisconsin, ya tiene aceitada toda esta narrativa que seduce a jóvenes, minorías y que rompe con el hartazgo político de muchos.

Parte como favorito en las encuestas y de ganar mantendrá viva la carrera por la nominación demócrata si bien para arrebatarle la nominación a Clinton tendría que lograr algo quijotesco: obtener el 60% de los votos en todas las primarias restantes.

Luce difícil, pero para muchos Sanders ya ha ganado: a puesto en aprietos a la favorita del establishment, se alza como referente de una izquierda invisible hasta hace muy poco en Estados Unidos y le ha devuelto la fe a muchos jóvenes en algo tan intrínseco a la idiosincrasia de aquel país como es la idea del sueño americano. El mañana puede y debe ser mejor.

Autora: Sonia Lloret

Soy una periodista con más de 20 años de trayectoria, principalmente en medios impresos y online tanto en Latinoamérica como España. Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política por @cigmapucjc y Estudios Internacionales por @UniBarcelona, actualmente colaboro en distintos proyectos especializados en #compol y marketing político, pero no siempre fue así. Mis derroteros profesionales me han llevado por muchos, variopintos y divertidos destinos editoriales. He escrito para diversas fuentes y el reportaje, la crónica y la entrevista de personalidad o semblanza han sido lo que más han tecleado mis dedos en el ordenador, pero la política siempre ha orbitado a mi alrededor. Es más, incluso cuando me escribí en periodismo en la universidad mi segunda opción fue ciencias políticas. Así que un día no hace tanto me dije a mi misma: “ es hora de reciclarte y especializarte en comunicación política”. Y en estas estoy. En campaña permanente de formación.

 

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