Comunicación de Gobierno: Profesionales en el fuego cruzado

Fuente imagen: romper.com

 

En la temporada más reciente de la serie de Netflix, House of Cards,  es inconfundible y familiar la expresión de frustración y desesperación del personaje Seth Grayson, quien funge como Secretario de Prensa.  Y resulta familiar pues como principal portavoz de la administración Underwood, el personaje representa la realidad de que quien ocupa tal posición está en el mismo medio de un “fuego cruzado” entre los políticos,  los burócratas, los medios de comunicación y el público.

Habitualmente los comunicadores de gobierno son el centro de la controversia por tener la ingrata tarea de llevar el mensaje del cuerpo político a los públicos sin necesariamente estar de acuerdo.  Tienen muchos que “hacer malabares con objetivos conflictivos establecidos por sus jefes políticos”[1]  y en ocasiones quedar en el ridículo personal y profesional por no ser incluidos en toda la toma de decisiones.   Súmele a eso el consabido mote o estereotipo de servir de “Spinsters” o tergiversadores de la verdad.  Un ejemplo cotidiano lo vimos recientemente cuando el Presidente estadounidense Donald Trump contradijo lo que sus secretarios de prensa habían indicado durante la rueda de prensa[2] respecto al incidente con el ex director del FBI y consistentemente ver a los portavoces de la presente administración no poder ocultar su infortunio, al no tener control de una estrategia de mensaje responsable y coordinada.   Es mas fácil atacar al mensajero que al mensaje.

La comunicación de gobierno es una disciplina poco estudiada por la academia, así como la que menos se aborda en la comunicación política.[3]  De la misma manera las investigadoras Canel y Sanders la ubican en  una especie de “tierra de nadie” en términos de teoría entre las relaciones publicas, la comunicación política y la comunicación organizacional.[4]  Por mi trayectoria profesional de sobre 10 años, añado, que la gestión de comunicación de gobierno carece del respeto y comprensión por parte de quienes practican las relaciones públicas o la comunicación política.   Asimismo, los políticos, los burócratas, los medios y el público tienen una percepción equivocada del rol que un comunicador de gobierno.  En la práctica quien debe asumir diversos roles entre ellos de portavoz, consejero y  mediador en la a veces contenciosa relación del gobierno con sus constituyentes.

Este fenómeno se repite en otros niveles del quehacer público y es producto de percepciones y conceptualizaciones equivocadas sobre la ejecución de una disciplina que debería consensualmente ser denominada como comunicación de gobierno, y no relaciones públicas.  Y se precisa hacer la salvedad, ya que normalmente se atribuye tal ejercicio como parte de las relaciones públicas, cuyo marco teórico se utiliza como fundamento para su estudio, pero que en la praxis y cuyo contexto es distinto.   Una buena parte de los que son encomendados para ejercer las funciones de comunicación de gobierno, tienen una preparación formal en relaciones públicas, el derecho o periodismo, y muy rápidamente se dan cuenta de que ésta disciplina es muy diferente.

En realidad la comunicación de gobierno, como disciplina propia de estudio dentro de la comunicación política, puede definirse como la comunicación que “implica el desarrollo y actuación de una institución política con función ejecutiva”.[5] Desde el punto de vista de la administración pública la comunicación de gobierno incluye “todas las actividades de las instituciones y organizaciones del sector publico dirigidas a exteriorizar y compartir información, principalmente para presentar y explicar las decisiones y acciones del gobierno, promover la legitimidad de estas intervenciones, defender los valores reconocidos y asistir en mantener los lazos sociales.”[6]   Asimismo el profesor Mario Riorda califica la comunicación de gobierno como “un espacio donde se intercambian discursos contradictorios entre los tres actores con capacidad de expresión política: (1) los gobiernos ejecutivos (nacional, regional, provincial o local), (2) los periodistas de los medios de comunicación, y (3) la opinión pública. “ [7] Cabe señalar que se deja fuera del espacio discursivo (en muchos sistemas políticos) la rama legislativa, los lobistas y los grupos de interés que representan.

Como en las relaciones públicas, la meta idónea de la comunicación de gobierno es ejecutar un modelo de comunicación bi-direccional simétrico y balanceado (según esbozado por Grunig y Hunt[8]) donde el gobierno y sus públicos puedan resolver conflictos  y promover un entendimiento y respeto mutuo.  No obstante, todavía en la práctica se recurre a una comunicación unidireccional donde se persigue solo la eficiencia y efectividad en la diseminación de información, tarea que resulta imprecisa y insuficiente.   Empero, existen consideraciones de naturaleza ética que marcan significativamente la diferencia esencial entre la práctica de las relaciones públicas y la comunicación de gobierno; y más aún contrasta con la comunicación política.

Es precisamente la aspiración de toda sociedad, cuyo norte sea la democracia,  el beneficiarse de un gobierno transparente y responsable, representando asimismo, el principal dilema ético que circunscribe la comunicación de gobierno.  Idealmente, todo gobierno debería afanarse en mantener una conversación abierta con la ciudadanía y también escuchar sus reclamos, incorporando sus posiciones en la preparación de políticas públicas.   Lamentablemente pocos gobiernos son tan abiertos.  Estas pretensiones chocan directamente con los dilemas éticos sobre como un gobierno debe persuadir a los constituyentes de sus posiciones, de en ocasiones utilizar estrategias propias de la propaganda, y el miedo incontrolable del burócrata y el político de abiertamente revelar desaciertos, fracasos o errores para evitar el escarnio de los opositores y   no dañar las posibilidades de reelección.   Es esto último, el objeto de acaloradas discusiones y diferencias.

Por tanto es en el mismo ojo de huracán donde un comunicador de gobierno, de todos los niveles, tiene que intentar mantener a flote lo que idealmente debe ser un plan o estrategia de comunicación racional.  Este profesional no esta protegido por el marco de “lo privado” que la practica y la teoría de las relaciones públicas contextualiza.

El profesionalizar la comunicación de gobierno es un objetivo importante y medular para un buena gobernanza pública.  Se considera lo sufientemente importante para que el Banco Mundial estableciese el Programa de Comunicación para la Gobernanza y Rendición de Cuentas (CommGAP).  CommGAP [9]  fue creado para abordar las brechas que socavan la eficacia y sostenibilidad de las reformas gubernamentales en países en desarrollo, particularmente aquellas que atienden brechas estructurales, procesales y de capacidad.  La iniciativa pretendía aumentar el conocimiento sobre la esfera pública para mejorar la gobernanza, fomentando el debate público y las mejores practicas para manejar grupos de interés, crear coaliciones y manejar la opinión pública tanto hostil como favorable.  Resulta interesante destacar que la iniciativa de CommGAP  terminó abruptamente en Octubre de 2011.

A pesar de que la aspiración por un gobierno más transparente y responsable recae en como se comunica con sus públicos, prevalece, el futuro no es muy halagador.  En el fuego cruzado de la comunicación de gobierno hay muchas victimas, muchos heridos y muy pocos quedan complacidos. Asimismo, mantener buenas relaciones y la reputación es difícil y esencialmente paradójico.   El profesional de la comunicación de gobierno debe tener tanto el temple como la sabiduría para manejar lo que en definitiva es una “crisis permanente.”

[1] Canel, M.,& Sanders, K. (2010). Mapping the field of Government Communication Research. . Communication & Society 23(1), 7-48. 

[2]  New York Times (en español)

[3] Paz Minutella, I. (2010) La Comunicación de Gobierno. XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación.  Año XI, Vol. 14, Agosto 2010, Buenos Aires, Argentina.

[4] Canel, M and Sanders, K.  (2012) Government Communication: An Emerging Field in Political Communication Research.  Chapter 7. The SAGE Handbook of Political Communication.  

[5] Ibid.

[6] Pasquer, M. Government Communication.  Encyclopedic Dictionary of Public Administration.  

[7] Riorda, M (2006) “Hacia un modelo de comunicacion gubernamental para el consenso”.  En Elizalde  L., Fernandez Pedemonte, D.  y  Riorda, M. 

[8] El reto de las relaciones publicas: Cuatro modelos de Grunig y Hunt 

[9] CommGAP, The World Bank.  

Autor: Jeff Q. Díaz

Asesor de asuntos públicos radicado en San Juan, Puerto Rico. Ha ocupado diversas posiciones en diversas esferas del quehacer público en Puerto Rico y Estados Unidos. Posee un Juris Doctor de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, un Master en Ciencias de la Comunicación de Illinois State University y una Licenciatura en Marketing de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Es profesor adjunto de Seguridad en la Universidad del Sagrado Corazon. Es co-dueño de una empresa de consultoria en gestion de recursos externos para I+D y asuntos públicos, The Consulting Lead (www.theconsultinglead.com) con clientes en Puerto Rico y EEUU. Es columnista regular en USA Hispanic Press, con sede en Washington D.C.

 

Comunicación de Gobierno: Profesionales en el fuego cruzado
Valora este post