Corazones que buscan amparo

La tristeza de los corazones rotos y las almas desconsoladas ante una situación insostenible en sus lugares natales hace que se haga inminente una Política Europea Unitaria en materia de inmigración.

La crisis migratoria que asola Europa no es baladí. Estamos sufriendo una situación de crisis humanitaria crítica que se incrementó en 2015 con la llegada de refugiados, emigrantes económicos y otros inmigrantes en situación de vulnerabilidad.

A finales de 2015, en Diciembre, la cifra de inmigrantes ascendía a 1.006.000 personas que habían entrado en Europa, de los cuales 942.000 habían solicitado asilo político.

Nos encontramos ante un fenómeno sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, según las declaraciones del vicepresidente de la Comisión Europea cuando afirmaba que “estamos ante una crisis mundial que necesita una respuesta europea”.

Ahora más que nunca necesitamos regularizar y poner en marcha una Unión Europea más certera y fuerte que nunca.

No podemos medir a todos los inmigrantes “con el mismo metro”, pero si debemos tomar conciencia que en las grandes afluencias migratorias, están siendo acogidas personas con una religión diferente, costumbres diferentes, forma de ver la vida diferente, trato a las mujeres diferente y manera de hacer la justicia totalmente diferente a los europeos.

En España, debido a la crisis y falta de empleo el saldo migratorio desde 2009 está siendo negativo según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y, por supuesto, sin contar con todos aquellos inmigrantes que logran acceder al territorio nacional sin control, denominándose como indocumentados “sin papeles” de los cuales no hay censo y se desconoce el número total.

Estos impactantes datos nos llevan a la conclusión de que España, así como Europa, necesita una política urgente y unitaria de todos los países miembros; que sin poner trabas a la ayuda humanitaria y conforme a los Derechos Humanos de los que hacemos gala se solucione esta dramática situación.

Visto el flujo migratorio con el que contamos, tenemos un gran reto por delante. El elevado número de extranjeros en situación irregular, como comentábamos en las líneas anteriores.

Un ejemplo lo encontramos en el paso fronterizo de la zona sur, Ceuta y Melilla y el paso del estrecho. En 2014, 11.146 indocumentados lograron pasar a España. Casi el doble del año anterior, mientras que 131 desaparecieron o murieron en el intento en esta zona. Entre sus métodos de entrada por las costas el 63,80 por ciento usaron pateras de madera o neumáticas zodiac; el 32,40 por ciento balsas hinchables de juguete, y el 3,80 por ciento pasaron ocultos en vehículos, como polizones en ferrys y otros sistemas (datos de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía)

En definitiva, la llegada de manera irregular en 2.014 de más de 3.300 ciudadanos precedentes de Siria, potencialmente refugiados, explica la disminución del número de repatriaciones respecto a 2.013, pero no sólo debemos tener en cuenta a los sirios, sino que también son numerosas las personas de Afganistán, Pakistán y Ghana los que huyen de la guerra.

Aquí es donde se plantea la cuestión de la integración en un país con costumbres, religión, leyes y política totalmente diferentes a sus países de residencia. ¿Qué deben hacer los refugiados o inmigrantes para integrarse? ¿Debe de iniciarse una política de integración real para superar esta brecha? ¿Debe la administración facilitar el estatuto

de residente permanente a los inmigrantes? ¿Es necesario hacer campañas de sensibilización entre la población para mejorar la imagen del inmigrante?

Bajo mi punto de vista, la integración implica respeto a los derechos y deberes establecidos en los países de acogida. Los inmigrantes no pueden eludir el cumplimiento y respeto a las leyes y los valores democráticos de la sociedad española y europea. Hay que incidir en que la inserción laboral y la educación son aspectos fundamentales para la integración y, que esta, se favorece facilitando la adquisición de conocimientos básicos del idioma, la historia y las instituciones del país de acogida.

Pero ante todos estos datos, tenemos otro problema, que en este caso, no es de los inmigrantes. El racismo y la xenofobia siguen siendo preocupantes aunque en las encuestas y preguntas directas los autóctonos no se declaran racistas. Una idea muy enraizada es la de que los inmigrantes ocupan puestos de trabajo que “por derecho” corresponden en primer lugar a los nacionales. Se supone como una competencia desleal, al aceptar trabajos que la mano de obra nacional no aceptaría. En definitiva, puede apreciarse un sentimiento de desconfianza hacia el extranjero. Existe un problema de estereotipos desfavorables sobre el mismo que provocan actitudes sociales generalizadas de desconfianza y rechazo que se deben combatir con educación y formación.

Por todo ello, la cooperación entre el país de origen y el de destino debe ser un objetivo global que consista en brindar apoyo a los países de origen con el fin de ayudarles a garantizar una gestión mejor de los flujos migratorios. La mejor forma de alcanzar resultados satisfactorios y de amplia cobertura sería a través de un consenso entre todos los Estados implicados, es decir, la Unión Europea. Es importante el respeto de los principios democráticos, del estado de Derecho, de los derechos humanos y de las minorías constituye un elemento esencial que debe tenerse en cuenta.

Se deben proponer ámbitos de intervención correspondientes a los aspectos más relevantes del fenómeno migratorio, como: la relación entre migración y desarrollo; la migración económica; la prevención y la lucha contra la inmigración ilegal; el retorno voluntario y la reinserción de los emigrantes.

A modo de conclusión se podría decir, que aunque el gobierno en funciones vaya tarde “como siempre”, España debe ponerse a disposición de la Unión Europea para que se cumplan los convenios internacionales de asilo político que han sido suscritos por el país. Tampoco sería mala idea crear un fondo económico para que los refugiados fuesen atendidos en las fronteras de los Estados miembro de la Unión Europea. Ahora más que nunca, debemos hacer eco de esa Unión.

Autora: Irene Carmen de Dios Gallego

Licenciada en Ciencias políticas , Derecho y Máster en Abogacía en la Universidad Pablo de Olavide y en la UNED. Ha sido coordinadora de la Campaña Nacional para los candidatos al Congreso de los Diputados de Sevilla y responsable de Acción Política a nivel Autonómico con Ciudadanos.

Voluntaria en el Departamento Jurídico de la ONGD TeTocaActuar y Asesora jurídica en Jarana Asesores.

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