El poder de un nombre

Los “populismos” se consolidan en la sociedad gracias a los ciudadanos, pero ¿estamos dispuestos a asumir las consecuencias?

La palabra populismo no viene recogida en la RAE pero, sin embargo, está de moda en nuestra jerga cotidiana. Esta palabra se trata de un concepto político que hace referencia a los movimientos que rechazan a los partidos políticos tradicionales.

Este tipo de movimiento, apela al pueblo para construir el poder frente a las clases dominantes pero, lo que aún no hemos percibido es que la única consecución radica en la palabra PODER.

Los líderes de este movimiento se sirven a las clases humildes para derrotar a las privilegiadas, o lo que ellos llaman privilegiadas, pero, lo que aún no hemos percibido es que la única consecución es adquirir todo aquello que su movimiento denuncia.

Estos movimientos suelen tener varias fases en la que en un primer momento es la de eliminar los privilegios a las empresas, generar empleo y romper con los tradicionalismo, pero lo que aún no hemos percibido es que tras esta primera fase llega una fuerte tasa de inflación, crecida de las deudas, el estancamiento de la exportación y un aumento de la importación, caída de las reservas internacionales…

Los analistas políticos nos encargamos de analizar lo que sucede en los Estados Unidos con la victoria de Donald Trump, pero lo que aún no terminamos de analizar es que el populismo es un fenómeno que asola toda Europa con la terrible consecuencia de romper lo que tanto tiempo se ha tardado en construir “los Estados Unidos de Europa”. El primer ejemplo proviene del éxito de Syriza en Grecia, después Podemos en España y el Frente Nacional francés, como ejemplo.

Los ciudadanos se adentran en corrientes anti-sistema y procedimientos rupturistas que inician estos partidos de masa o, también llamados populistas pero estos movimientos no sólo nacen de la crisis iniciada en el 2008 haciéndose eco de la pobreza, el empleo y la precariedad, sino que, con esta crisis, salen reforzados adquiriendo en muchos casos el poder político. Si hacemos un breve recorrido europeo de los Partidos a los que llamaría populistas tenemos al Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP); el Frente Nacional en Francia; los movimientos neo-nazis o xenófobos, como PEGIDA, en Alemania; la Liga Norte de Umberto Bossi, la Forza Italia de Berlusconi o el Movimiento Cinco Estrellas de Bepe Grillo en Italia; Syriza y Amanecer Dorado en Grecia; Podemos en España; el Partido Popular Danés; el Partido de los verdaderos finlandeses o en Hungría Jobbik, entre otros.

Tenemos que ser capaces de mantener el progreso democrático conseguido por todos los países europeos a lo largo de este tiempo. Ser capaces de reforzar esa representatividad y eficacia en la gestión realizada por los Partidos políticos ya que lo único que demuestran estos populistas son el desgaste de un sistema agotado y con falta de inicitiva política de afrontar sus vicisitudes, al mismo tiempo que incapaces de solventar los problemas que exigen los ciudadanos.

No olvidemos que los partidos de masas a largo plazo, no serán capaces de gestionar las nuevas realidades de las políticas nacionales o internacionales, con la terrible consecuencia de provocar una parálisis.

 

Autora: Irene Carmen de Dios Gallego

Licenciada en Ciencias políticas , Derecho y Máster en Abogacía en la Universidad Pablo de Olavide y en la UNED. Ha sido coordinadora de la Campaña Nacional para los candidatos al Congreso de los Diputados de Sevilla y responsable de Acción Política a nivel Autonómico con Ciudadanos.

Voluntaria en el Departamento Jurídico de la ONGD TeTocaActuar y Asesora jurídica en Jarana Asesores.

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