Se levanta el telón en las convenciones partidarias de EEUU

La atención del mundo se desborda este mes de julio con las convenciones de los dos principales partidos políticos de Estados Unidos, ante el comienzo de la campaña formal para elegir el próximo inquilino(a) de la Casa Blanca.

La atención del mundo se desborda este mes de julio con las convenciones de los dos principales partidos políticos de Estados Unidos, ante el comienzo de la campaña formal para elegir el próximo inquilino(a) de la Casa Blanca.

No obstante, la mayor atención la recibe la primaria del Partido Republicano donde se conjuga la nominación del controversial billonario Donald Trump, cuya candidatura esta plagada de oposición interna (#NeverTrump) y externa, producto de sus posturas radicales contra los inmigrantes hispanos, las minorías raciales y las mujeres,  cuyo desenlace puede fragmentar o destruir al Grand Old Party.

La primaria del Partido Demócrata es histórica en la medida que se postulará por vez primera una mujer y una ex-primera dama para presidir los Estados Unidos.   Hillary Rodham Clinton, quien adolece de credibilidad ante un buen sector del electorado, habrá de aparecer en la convención con el respaldo de su contrincante primarista Bernie Sanders, con muchas encuestas a su favor y de la mano del ex presidente, Bill Clinton.  Se perfila que habrá de ser una convención un tanto aburrida, carente de la expectativa y la controversia característica de muchos de estos cónclaves.

A través de la historia estadounidense las convenciones de los partidos políticos, cada cuatrienio, son eventos en extremo polémicos y de dudosa democracia, matizados por confrontaciones y luchas de poder.

Se supone que la convención, además de escoger al nominado del partido para las elecciones generales, supone la adopción de postulados de principios, establecer un ordenamiento protocolar y una plataforma, que en esencia no es vinculante para el presidente de resultar electo.   Este último dato es quizás lo que más confunde a los observadores internacionales.

Las convenciones se convirtieron  en el escenario de intrigas donde los jefes políticos escogían y controlaban los delegados.   El candidato que interesara ganar la nominación debía hacer promesas a los delegados para asegurar su voto.   Sin tales negociaciones e intrigas, el entonces poco conocido abogado de Illinois, Abraham Lincoln, nunca hubiese ganado la nominación del partido Republicano.

Desde 1824, cuando algunos delegados del entonces Partido Republicano-Demócrata apoyaran al candidato John Quincy Adams sobre el nominado William H. Crawford, las primarias de los partidos ha sido parangones épicos cuyo desenlace era incierto.  En esa elección, Quincy Adams fue el único presidente electo por la intervención del Congreso, después de un acuerdo con el entonces Speaker Henry Clay, en contravención con el respaldo público al General Andrew Jackson.   Ese evento movió a Jackson a fundar el hoy Partido Demócrata.

En la primaria republicana que se avecina, la oposición a la candidatura de Trump es lo suficientemente fuerte para que afloren preocupaciones sobre altercados violentos en la ciudad de Cleveland, que podrían evocar recuerdos de la convención Demócrata de 1968.   Esa convención, matizada por la oposición al conflicto de Vietnam, produjo un candidato poco popular, Humber Humpfrey, quien perdió la elección ante Richard Nixon.   Ante el contexto de las recientes manifestaciones sobre la violencia policial, hacen suponer que tal desenlace es muy posible.

A pesar de haber escogido un compañero de papeleta conservador como el gobernador de Indiana, Mike Pence, la ausencia de los dos presidentes Bush, debilitan el entusiasmo e unidad de la candidatura “trumpista.”  Sin embargo, parecía estar latente la mayor amenaza a su nominación representada en que sus opositores lograran mover los delegados a respaldar otro candidato.   De acuerdo con la publicación The Daily Beast esa posibilidad se esfumó este jueves que luego de 15 horas de negociación el comité de reglas de la convención logró lo obligar a los delegados.

Y es que desde la convención de 1880 los delegados del Partido Republicano no están obligados por las reglas de partido para emitir su voto, y las reglas del partido en el estado que representan no pueden vulnerar su  posición ideológica.   Solo en 1976, cuando  el presidente y candidato, Gerald Ford, abogó por que se adoptara una regla en la convención obligando a los delegados por los resultados dela primaria en su estado, evitó  que perdiese la nominación ante el entonces Gobernador de California, Ronald Reagan.   En la convención del 1980 esa regla fue eliminada volviendo al estándar original, y sabemos quien fue nominado en ese entonces.

Resulta sumamente incierto cuales serán las implicaciones de lo que se perfila como la eventual nominación de Donald Trump a la presidencia, tomando en consideración como él ha chantajeado al GOP de buscar y ganar la presidencia con o sin partido.   Existe todavía muchas dudas de cómo su candidatura oficial y su campaña puedan afectar los 34 escaños en el Senado que se deciden en noviembre, que podrían devolver el liderato a los demócratas.

Al subirse el telón en Cleveland, lo que si es seguro de que disfrutaremos de una pieza dramática sumamente entretenida.  En Filadelfia solo será una gran fiesta con invitados selectos.

Autor: J.Q. Diaz   

Asesor de asuntos públicos radicado en San Juan, Puerto Rico. Ha ocupado diversas posiciones en diversas esferas del quehacer público en Puerto Rico y Estados Unidos. Posee un Juris Doctor de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, un Master en Ciencias de la Comunicación de Illinois State University y una Licenciatura en Marketing de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Es profesor adjunto de Seguridad en la Universidad del Sagrado Corazon. Es co-dueño de una empresa de consultoria en gestion de recursos externos para I+D y asuntos públicos, The Consulting Lead (www.theconsultinglead.com) con clientes en Puerto Rico y EEUU. Es columnista regular en USA Hispanic Press, con sede en Washington D.C.