Erradicamos a los corruptos o nos resignamos

La normalidad con la que afrontamos las noticias de corrupción hace pensar que es un sentimiento normalizado en la Sociedad. Debemos generar una cultura de total y absoluto rechazo moral y social.

Todos nos hemos encontrado en ocasiones con dos grupos de personas. Los que quieren que se expulse de sus responsabilidades a los políticos corruptos por robar a los trabajadores, sindicatos, fondos del Estado etc. y a los que, aún indignados iguales que los primeros, alegan que el sistema corrompe a las personas y que, aún con nuevos nombramientos, finalmente terminarían corrompiéndose esas personas que entran nuevas.

A veces podemos plantear que si les bajamos los sueldos a los políticos, dejarían de ser corruptos, o que si regularizamos sus actividades, también tendrían menos abanico para delinquir, o que si le quitamos el poder de regularizar toda la economía quizás no tengan tanto margen de actuación para corromperse.

El capitalismo de amiguetes siempre ha sido el principal problema del Estado, costando sus casos de corrupción al menos 200.000 millones de euros a los españoles o lo que es lo mismo 5.000 euros por cada español, un coste lo suficiente elevado como para que queramos replantear ciertas soluciones.

Si atendemos a las estadísticas, podemos apreciar que los mayores índices de corrupción se desarrollan en los países que tienen los niveles más bajos de desarrollo económico y mayor desigualdad, junto con las economías más cerradas, niveles más bajos de educación y menor libertad de prensa. Si miramos a España podemos considerar que está lejos de los parámetros definidos anteriormente, de modo que ¿por qué sigue existiendo la corrupción?

La corrupción es definida como exceso de poder público persiguiendo propósitos privados. A modo de ejemplo, a pequeña escala, podemos pensar en una Licencia de apertura, en un permiso de construcción, en un trasplante de riñón… En muchos países también se pagan sobornos para conseguir evadir regulación medioambientales, pero en España la corrupción radica principalmente en la burbuja crediticia, es decir, un endeudamiento masivo en pleno crecimiento económico por parte de las instituciones sin tener en cuenta que poco después pueden venir las llamadas “vacas flojas”. No realizan las medidas de ahorro necesarias porque piensan que siempre vamos a mantener el flujo crediticio en positivo pero, cuando llegan los problemas nos encontramos en las circunstancias que vivimos actualmente.

En España, la corrupción por parte de los ciudadanos no es notoria, ya que no se caracterizan por sobornar a cambios de beneficios médicos u otros privilegios, como en los países del Sur de Europa. En nuestro país la corrupción es política, es decir, abuso de poder público para fines privados.

Para solucionar este enorme y cuantioso problema podemos adoptar varias medidas con el único fin de que los ciudadanos vuelvan a confiar en la política, en las instituciones, en los cargos públicos y en el sistema en general. La ola de desconfianza por parte de los ciudadanos es notoria, produciéndose así una huida masiva de la implicación política y desconfianza plena en todo lo que envuelve nuestro día a día a manos de nuestros representantes elegidos democráticamente.

También es cierto, que en España siguen saliendo reelegidos algunos políticos corruptos con la falsa mentalidad, viciada ante todo, de que genera puestos de trabajo o le da a la ciudad importantes mejoras. Esto debe cambiarse, debemos cambiar moralmente la conducta de aceptación de la corrupción para poder erradicarla de raíz.

Las medidas que podrían plantearse, en un primer momento, deben ir encaminadas a involucrar a todos los actores y debe reforzar la prevención del mal. De este modo, despolitizar las instituciones debe ser clave ya que el excesivo poder de los políticos hace que todas las esferas de la Administración se vean infectados. Reformar los partidos haciéndolos más competitivos y abiertos. Reformar las administraciones locales, que como podemos comprobar es el primer foco de corrupción en España, aunque la Ley de 2013 aprobada acerca de la racionalización y sostenibilidad va bien encaminada, aún sigue otorgando bastante poder al Alcalde y no elimina las diputaciones. Otra medida podría ser mejorar la transparencia y la rendición de cuentas para conseguir una gestión eficiente y responsable.

No creo que estas medidas ni los datos aportados con anterioridad sean cantos al sol, es más, me aventuraría a decir que son más que ejecutables a corto plazo, ahora bien, ¿por qué no lo hemos hecho en todos estos años de democracia? ¿Qué se esconde detrás de todo esto?

Autora: Irene Carmen de Dios Gallego

Licenciada en Ciencias políticas , Derecho y Máster en Abogacía en la Universidad Pablo de Olavide y en la UNED. Ha sido coordinadora de la Campaña Nacional para los candidatos al Congreso de los Diputados de Sevilla y responsable de Acción Política a nivel Autonómico con Ciudadanos.

Voluntaria en el Departamento Jurídico de la ONGD TeTocaActuar y Asesora jurídica en Jarana Asesores.

 

Erradicamos a los corruptos o nos resignamos
Valora este post

Comentarios

  1. Edmundo García Mira

    Desde la Antiguedad, por desgracia, la politica ha estado ligada en mayor o menor medida a la corrupción, se trata de minimizar el impacto de esta.