Federalismo

España se enfrenta a un reto de enorme complejidad, en el cual viabilidad económica, juegos de poder y reacción social frente a la crisis, perfilaran el panorama político y, en consecuencia la forma de Estado

Últimamente desde el PSOE se aboga por la instauración de un Estado federal como solución al atascadero social y político que sufre España. A priori, esta elección parece una idea novedosa si atendemos a como nuestra Constitución perfila nuestra forma de Estado, bajo el llamado “Estado de las Autonomías”.

Generalmente, los países federales nacieron con vocación de unión entre diferentes regiones, que en busca de un futuro mejor, decidieron unirse bajo una forma de dominación común y legítima (Véase el ejemplo de los Estados Unidos, que está ligado a la independencia colonial y el libre mercado).

Dejando de lado el párrafo anterior, cuando pensamos en “Estado” reflexionamos acerca de; Presupuesto, competencias, modelo territorial, moneda, soberanía, fiscalidad, solidaridad, legitimidad, transparencia, constitución, bienestar, etc. Poco he oído hablar de estos temas, y de si la instauración de un Estado federal solventaría los problemas actuales de España.

La constitución, donde se aclaran gran parte de éstos conceptos, fue aprobada bajo un clima de reconciliación y de cierto miedo. Quizás debido a ello, la concreción en ciertos temas fue diluida dejando margen de elección a las diferentes comunidades autónomas.

Para articular un debate serio sobre esta propuesta, es de suma importancia realizar un “benchmarking” entre Estados federales como el Estadounidense, canadiense, Belga o Alemán y el “Estado de las autonomías”. Además ver cuál es la posición de España en el mundo y sus necesidades, para adecuar gestión a posibilidades.

En el modelo Alemán todas las regiones, los “Lander”, tienen las mismas competencias (art. 70 a 74 Constitución Alemana). Este hecho evita las discusiones competenciales y legitima al Estado federal. Asimismo, el Senado Alemán o “Bundesrat” tiene derecho a veto en todas las leyes que afecten a los “Lander” (Actualmente el 60%).

Otra de las propuestas podría estar en reforzar los niveles de cooperación y coordinación entre las comunidades autónomas, bajo el principio de “lealtad constitucional”. Pongamos, como ejemplo, el intenso debate, y posterior órdago al gobierno central, que han perpetrado los presidentes de las diferentes comunidades autónomas frente a la exigencia de estabilidad presupuestaria impuesta desde Europa.

Sin embargo, esta cooperación no tiene por qué ir acompañada de un pacto de solidaridad territorial. Para acabar con el reproche continuo entre comunidades y Estado central, se podrían fijar las competencias y que cada comunidad recaudase y gestionase sus impuestos. Esta opción quizás generaría zonas diferentes, pero no sabemos si peores o mejores. Ahora bien, el reparto actual crea sentimientos de injusticia y efectos perversos en tema de “incentivos” (Véase el caso de Andalucía).

Otro de los debates es como se estructura el gasto público en un contexto de crisis, y si la forma de estado influye en la repercusión final del gasto sobre el bienestar de los ciudadanos. Analizamos el gasto público sobre PIB, sin tener en cuenta cuantías por habitante, en cuatro partidas; educación, sanidad, protección social y gasto administrativo. Aplicaremos estas cuatro variables sobre dos países federales; Alemania y Bélgica, y lo compararemos con España. Educación; BE 6,3%// DE 4,3% // ES 4,1%. Sanidad; BE 8,1%// DE 7,2%// ES 7,1%. Protección social; BE 19,9%// DE 18,8%// ES 17,6%. Gasto administrativo; BE 8,4%// DE 6,3%// ES 6,9%.

De estos datos sacamos dos conclusiones; Bélgica, con su entramado de Regiones y Comunidades gasta más en soporte administrativo. Alemania gasta menos, relativamente que España, en gestión administrativa. Estaremos de acuerdo en que, todo dinero que se pueda trasvasar desde la burocracia hacia sistema educativo y sanidad, será un acierto en términos de bienestar social y garantía de futuro. Y sabemos que esta es una opción política que no depende de la forma de Estado. ¿Cómo afecta el sistema autonómico al gasto público?, ¿Los gobiernos Autonómicos han acertado a la hora de priorizar partidas?, ¿Una supuesta falta de colaboración entre comunidades produce más gasto burocrático?, ¿las nuevas tecnologías podrían reducir este gasto “no productivo”?.

A nivel micro, cualquier forma de  Estado debe de apoyarse sobre la idea de legitimidad. Al analizar la propuesta “federalista” nos damos cuenta de que, en ningún momento, paralizaría las ansias secesionistas del gobierno Catalán y, potencialmente del gobierno Vasco. Para comprender esta hipótesis se debe de penetrar en las causas del separatismo Catalán; donde se conjugan juegos de poder y adoctrinamiento sociológico.

Durante la democracia moderna los diferentes gobiernos catalanes han trazado vínculos de interés con el gobierno central. Denominaríamos a ésta una relación “instrumental-patrimonial”, la cual se basa en el interés mutuo de unos gobernantes, y no sobre la idea identitaria-emocional de “Estado”. Paralelamente, los gobiernos catalanes han trazado un plan de “construcción social” a través de los medios de comunicación y las escuelas. Estrategia ésta, que se inscribe en una Europa dispersa, y que no ha tenido respuesta alguna. ¿El Estado federal, por sí mismo, bascularía sendas variables de influencia; las relaciones “patrimoniales” y la deriva “social-secesionista”?

España se enfrenta a un reto de enorme complejidad, en el cual viabilidad económica, juegos de poder y reacción social frente a la crisis, perfilaran el panorama político y, en consecuencia la forma de Estado. ¿Cuál será el resultado?.

Autor: Jesús Sousa

Nativo de Zaragoza, estudié en el colegio San Agustín. A la edad de 15 años comencé a trabajar como árbitro de futbol. En esta experiencia recorrí los diferentes barrios de la ciudad, viendo diferencias y similitudes entre diferentes espacios sociales. También sufrí una enorme hostilidad y reconocí la violencia que envuelve el mundo del “futbol”.

Empecé Administración y dirección de empresas, solo curse el primer semestre. Las matemáticas eran mi calvario, posteriormente descubrí que no eras estas sino el esfuerzo que requerían lo que me hizo cambiar a relaciones laborales en la Facultad de ciencias del trabajo. También trabaje en Decatlón como vendedor, conociendo la organización y la relación vendedor-cliente.

 

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