Francia: El triunfo de la antipolítica

Francia es una república semipresidencialista que, cada cinco años, renueva primero al Presidente y unos meses después al parlamento. Las elecciones a Presidente se realizan por sistema de dos vueltas salvo que en la primera un candidato obtenga más del 50%. El pasado domingo se celebró la primera vuelta de esas elecciones, y el resultado, aunque esperado, no es menos sorprendente: con 23,4% y un 21,4% respectivamente pasan a segunda vuelta Emmanuel Macron y Marine Le Pen.

El triunfo de estos dos candidatos, echa por tierra décadas de victorias de los dos partidos tradicionales: el Partido Socialista Francés y Los Republicanos. El PSF ha sido víctima de su propia gestión presidencial, pero, también, de los constantes cambios de rumbo pasando de la socialdemocracia al neoliberalismo y vuelta a la izquierda para intentar salvar los muebles con un candidato elegido por las bases, pero alejado de las posiciones de la mayoría social. El caso de François Fillon, candidato de Los Republicanos tiene más que ver con su terquedad para no abandonar el puesto de candidato pese a las evidencias de prevaricación.

La victoria de los candidatos del movimiento “¡En Marcha!” y del “Frente Nacional” es el triunfo de la antipolítica, el triunfo de la tecnocracia y la extrema derecha. Surge, además, la duda sobre cómo se relacionarían los posibles Presidentes con la cámara legislativa si no cuentan con mayorías muy estables. Es probable que, como ha sucedido en el pasado, el Presidente reforzase su autoridad sobre el poder ejecutivo.

Emmanuel Macron fue ministro de economía del PSF en la legislatura que este año toca a su fin y, fue el responsable del viraje hacia la derecha de las políticas económicas y sociales. Podría decirse que fue una apuesta personal de Françoise Hollande que terminó superando las expectativas de su propio creador, un poco de la misma forma que el monstruo de la novela de Mary Shelley. Macron se ha presentado a las elecciones con el mensaje “Francia: una oportunidad para todos” buscando el voto de todas las clases sociales y asegurando que en la nueva Francia nadie quedará atrás.

Pudiera parecer que Macron es un político al uso. Una nueva cara con la misma forma de proceder que los partidos tradicionales, pero no es así. La victoria de Macron es la victoria de un candidato sin partido político, ya que este no se ha presentado tras ganar unas primarias en un partido, sino que ha sido alzado con el apoyo de un movimiento político de nombre “¡En Marcha!”. Este movimiento de tintes personalistas no tiene una estructura sólida, por lo que Macron no sólo no tiene respaldo, sino que tampoco tiene quien le controle o fiscalice. Un 23,4% de los franceses han avalado, con su voto, este modelo que otorga al candidato mayor poder, al no estar sometido a las estructuras de un partido.

La otra contendiente de la segunda vuelta es Marine Le Pen, la presidenta del partido de ultraderecha: “Frente Nacional”. Esta candidata se presentó a las elecciones con un discurso claramente xenófobo y antieuropeista. Los votantes más favorables a esta opción son las clases bajas y trabajadoras, que se sienten abandonadas por los partidos socialdemócratas que, en muchas ocasiones, al aceptar el discurso único neoliberal, parecen olvidar sus necesidades. La situación de crisis económica, política y social; que atraviesa Europa durante la última década no hace sino agravar esta situación dando más fuerza a estos partidos.

Todo esto viene reflejado por el uso de mensajes como “Recuperar la Francia en orden” o “Francia: nuestra casa” que han repetido a lo largo de la campaña. Pero hay que señalar, también, el acierto de la extrema derecha en acercarse a sectores menos típicos de un partido de ultraderecha, como pueden ser las mujeres o los activistas LGTB.

Dado el sentimiento de defensa de la República, que siempre ha llevado a los partidos tradicionales a pedir el voto por la opción que se diferencie de la extrema derecha, no parece que haya dudas sobre quién ganará la segunda vuelta. Así los principales partidos derrotados, salvo el populista de izquierdas Jean-Luc Melenchon que cree necesario preguntar a sus bases, ya han pedido a sus electores que se vuelquen con Emmanuel Macron para evitar así que la República caiga en manos del fascismo.

Macron será presidente. Y con él, se constatará el triunfo del cesarismo y la minusvaloración de la relevancia de los partidos políticos en las democracias. Con todo ello parece obvio que se cierra un ciclo y podríamos estar hablando del fin de la V República francesa.

 

Autor: Pablo Vega Costa

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política por la UCM.

Además de la educación universitaria, ha complementado la formación mediante la realización de cursos en diferentes ámbitos, tales como consultoría o cooperación. Ha tenido la oportunidad de poner en práctica la formación adquirida participando en actividades y asociaciones.

 

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Comments

  1. Soledad Sánchez-Cid

    Muy bien escrito y bien argumentado, pero no comparto la visión del autor, porque si bien es verdad que los partidos clásicos han fracasado, ellos mismos se hicieron el harakiri y en España ojalá hubiese pasado lo mismo y no hubiese ganado el PP. Los electores de derechas han castigado la corrupción en Francia, en España desgraciadamente no.
    Y claro prefiero que gane Macron porque Le Pen sería una catástrofe para toda Europa.

  2. Pablo Vega Costa

    Gracias por tu comentario, Soledad. Es cierto que los partidos tradicionales son responsables de su propio final. Sin embargo si el resultado es el fin de la democracia de partidos y el cambio por una suerte de movimientos personalistas, el retroceso será importante.

    El caso de España es distinto, entre otras cosas aquí la dividida es la izquierda…