Hillary Clinton, a contracorriente de todos y todo

Si el hombre tropieza dos veces con la misma piedra, ella tropieza dos veces con la misma historia: el candidato sorpresa

“Is she inevitable?” Se preguntaba en 2007 la revista Time sobre la ex-senadora en su primer intento por llegar a la Casa Blanca y entonces apareció de “contender” Barack Obama. A esa inevitabilidad apelaron de nuevo los medios al comenzar las primarias este 2016. El camino parecía tranquilo y entonces… apareció Bernie Sanders con su épica revolucionaria, lucha contra los poderosos y un estratégico ataque frontal a la candidata.

Desde el primer minuto el mensaje ha sido transversal: repetir, repetir y repetir los trapitos sucios, errores y cercanía de la ex-primera dama con Wall Street. Clinton debió sentir un escalofrío -una especie de déjà vu- cuando Sanders empezaba a escalar en las encuestas. Otra vez el político local -desconocido para el gran público- la inquietaba. Y es que éste parece el sino de la todopoderosa Clinton. Si el hombre tropieza dos veces con la misma piedra, ella tropieza dos veces con la misma historia: el candidato sorpresa.

El añadido es que este año ese candidato viene por partida doble. Si Sanders le quita los votos por la izquierda, a su derecha Donald Trump se ha convertido en el candidato estrella-problema no solo para los republicanos sino para ella: la ha atacado con una retórica vulgar, sexista y con golpes bajos como apelar al caso Lewinsky.

Pero Hillary es mucha Hillary dicen sus adeptos. Quizá no es la más empática y cercana, pero es una corredora de fondo. Curtida, fuerte y pragmática. En sus más de dos décadas en política las ha visto de todos los colores. Y siempre, como se relata en un artículo de The Washington Post, ha tenido que lidiar con súper hombres.

Si ayer fue el escándalo de Súper Bill y otras leyendas que persiguen al matrimonio, hoy son Súper Bernie y Súper Trump. A Trump le ha dedicado algunos adjetivos, pero ha preferido concentrarse en un frente, el más urgente y cercano, el abuelo Bernie.

Amenazas y debilidades 

Percibida como la candidata del establishment, a ese posicionamiento ha contribuido brillantemente Bernie con su relato. Ella es la apuesta de las élites. Y, sin duda, eso es un hándicap porque el eje electoral se mueve, entre otros aspectos, en la desafección y el hartazgo por los políticos de “siempre”.

Ella ofrece el “cambio modesto y un pragmatismo calculado”, él la “revolución política  (…) No sólo para elegir al presidente, sino para transformar este país”. Sanders afirma que el sistema -incluye los poderes en Washington- está corrompido por las grandes fortunas, bancos, lobistas y su denuncia la ha personalizado en su adversaria política en un mensaje clave: ¿cómo contraatacas cuando te acusan de percibir 675.000 dólares por tres conferencias en un solo año? Eso fue lo que recibió Clinton de la empresa Goldman Sachs, que también ha contribuido en su campaña y que para colmo tuvo que pagar una multa de 5 millones de dólares por mal desempeño.

Lo de aceptar dinero de los Super PACs -la recaudación de fondos sin límites a través de contribuciones de compañías y sindicatos que facilita las donaciones multimillonarias- es una idea-fuerza que utiliza Sanders como arma arrojadiza para debilitar y retratar a Clinton.

Esta bandera de lucha contra los poderosos ha calado extraordinariamente en los jóvenes junto con las promesas de gratuidad en la universidad, la salud y el aumento de salarios. En cada presentación de Bernie -donde casi nunca faltan los grupos de música- el entusiasmo sobra; algo que falta en la campaña de Hillary: si bien en los últimos días la hemos visto bailar merengue con los dominicanos o jugar dominó animadamente.

 Aparte de arrebatarle el voto de los menores de 35 años y que la candidata ha tratado de  contrarrestar sin mucho éxito reforzando su estrategia digital frente a la de Sanders, otro de los aspectos que encendió las alarmas es que Bernie también empezó a quitarle voto femenino a ella, una activista contrastada en pro de los derechos de la mujer y la infancia.

El equipo de campaña, que ha tenido sus desavenencias internas por considerar que Hillary debió haber sido mucho más agresiva con Sanders desde el inicio, empezó a contra-atacar y cambiar de táctica. Sin embargo, los primeros torpedos lanzados por la ex-secretaria de Estado Madeleine Albright, la escritora feminista Gloria Steinem o el mismísimo Bill Clinton, no tuvieron el efecto deseado sobre todo entre las jóvenes.

 Aún así, Hillary tiene en los derechos  femeninos una de sus fortalezas. Su compromiso nació -según cuenta en su libro Living History- desde el mismo momento que conoció el abandono que sufrió su madre por parte de su abuela. La otrora chica de clase media, empezó desde high school a cuidar niños de inmigrantes como voluntaria y en el New Haven Hospital laboró en el departamento de abuso infantil. Como abogada trabajó en el Children’s Defense Fund en Cambridge y, entre otras actividades, fue cofundadora del Arkansas Advocates for Children and Families.

Como señala en un artículo Alberto Avendaño, director de El Tiempo Latino, la publicación hispana de The Washington Post, a la ex-secretaria de estado le avalan mujeres como Dolores Huerta, la líder del movimiento sindical y de derechos civiles estadounidense. “Los principios feministas de Hillary son claros y siempre se han mantenido consistentes a lo largo de su vida”, afirmó al periodista.

Otro de los cambios estratégicos se hizo con la finalidad de cuidar al votante demócrata tradicional, Hillary retomó verbalmente su vínculo con Barack Obama: el político más popular del partido. Tácticamente recuerda: “Me nombró secretaria de Estado” y también le refresca a Sanders que Obama recibió dinero de los grandes contribuyentes y eso no lo convierte en el malo de la película. Su objetivo es presentarse como la continuadora de sus programas y leyes tales como el Obamacare, que ha formado parte de los rifirrafes entre la ex-primera dama y el senador por Vermont.

Nueva York, punto de inflexión 

El in crescendo de Hillary Clinton en sus mensajes negativos contra Sanders se visibilizó en estas dos semanas previas a las primarias del estado de Nueva York que se celebran hoy, tanto en entrevistas como en el último debate que la prensa definió como “La noche de la pelea: Clinton vs. Sanders”.

 Sanders por supuesto también subió el tono al asegurar que el apoyo de la candidata a la guerra de Irak no la “calificaba” para gobernar (palabras que ha matizado después). Y en su cuenta de twitter abrió otro flanco: “La verdad es que Hillary Clinton depende fuertemente de fondos de lobbies de las industrias de petróleo, gas y carbón”.

Esta afirmación colmó la paciencia de la ex-senadora. “Estoy tan harta, tan harta que la campaña de Sanders diga mentiras sobre mí. Estoy harta”, dijo en un evento de campaña tras ser interrumpida por una activista de Greenpeace sobre sus nexos con las petroleras.

 Así Clinton ha afilado la batería en los temas sensibles del candidato y ha decidido que la unidad del partido puede esperar, sobre todo teniendo en cuenta que la lealtad de Sanders a los demócratas es de nueva data. En 2015 fue que se enroló en las listas del partido.

 La estrategia verbal de ataques pivota sobre estos asuntos: 

Control y propiedad de armas. Si bien Sanders apoya que se estudien los antecedentes de aquellos que quieren adquirir armas y que no se vendan armas militares de asalto, mantiene una posición conservadora. Hillary lo ha acusado de votar a favor de “llevar armas en los Amtrak (trenes) y en los parques nacionales”. Este tema no es el más cómodo para el candidato y así se evidenció en la entrevista que concedió a The New York Daily News. La junta editorial le preguntó si consideraba que los padres de las víctimas del colegio de primaria Sandy Hook, en el que fueron asesinados 20 niños, podían demandar a los fabricantes de armas y respondió que no. Las reacciones no se hicieron esperar y en CNN varios afectados comentaron que tras esa afirmación “Sanders debía disculparse”. “Debería darte vergüenza @BernieSanders, trata de vivir una hora en nuestros zapatos”, escribió contundente la hija del director del colegio que resultó muerto en el suceso. Clinton aprovechó este strike de su contrincante y se presentó con portada en mano en la MSNBC. “Que haya puesto los derechos e inmunidad ante una responsabilidad legal de los fabricantes por delante de los derechos de los padres de niños asesinados en Sandy Hook es simplemente inimaginable para mí”.

Política migratoria. Sanders está a favor de la regularización de los inmigrantes, pero Clinton le ha recordado: “Yo voté a favor de una reforma migratoria integral cuando estaba en el Senado; el senador Sanders votó en contra”. Para defenderse Bernie argumenta que lo hizo porque dicha reforma no garantizaba condiciones laborales dignas.

Minorías. Es una de las fortalezas de Clinton y si bien Sanders ha podido llegar con su mensaje a hispanos y afroamericanos, todas las encuestas indican que no tiene tanta aceptación como Hillary. De hecho, las victorias más holgadas del senador han sido en estados rurales y de mayoría blanca como Washington, Wisconsin o Wyoming. “Las minorías votan por gente con la que se relacionan, con quien tienen una historia… ven que no tienen nada en común con él, que viene de un estado que es 95% blanco”, afirmó a la cadena Univision Noticias María Cardona, súperdelegada demócrata. “Tiene un buen corazón, pero es muy difícil competir con la secretaria, quien ha estado trabajando con estas comunidades por tres décadas”.

Por tanto, los estados con más diversidad racial se decantan por Hillary como fue el caso de Carolina del Sur y Mississippi, donde recogió el 83% de los votos. En Florida obtuvo 30 puntos de diferencia. Y Nueva York con 18% de hispanos, 18% de afroamericanos y 8.5% de asiáticos debería ser otra victoria para Clinton a pesar que Sanders le pisa los talones.

Falta de profundidad de las propuestas de Sanders. La coherencia entre el discurso y la trayectoria de Bernie es incuestionable, pero la duda surge en cómo va a hacer su revolución. La famosa entrevista en el Daily News, que The Whashington Post calificó como “bastante cerca a un desastre”, es un ejemplo de ello.

Aparte del espinoso asunto de las armas, tampoco pudo concretar cómo iba a desmantelar a Wall Street y a los grandes bancos, qué agencia tendría ese poder, bajo qué ley y qué pasaría con los empleos que se perderían. El ruido que levantó la entrevista llegó a revistas especializadas como The Atlantic, Mother Jones o Slate señalaron que a Sanders le dieron “donde duele” o  que “le costó trabajo explicarse”.

Salvo algunos defensores, hay unanimidad en que ha sido su peor puesta en escena y la precandidata lo aprovechó al máximo. “No tiene mucha sustancia” y  “en un número de áreas importantes, Sanders no tiene nada concreto planeado”, dijo en CNN.

El equipo de Sanders trató de capear el temporal, pero la explicación sonó a excusa. En Univisión Noticias afirmaron que el senador tiene claros los temas y que fue el New York Daily News  el que no los había preparado y por eso le hicieron “las preguntas incorrectas”.

Y así, en medio de la tensión ante la importante cita de hoy en la que están en juego 291 delegados, Hillary Clinton -para muchos una de las mejores y más preparadas aspirantes al despacho oval de la historia- avanza hacia la nominación consciente que su momento es ahora o (quizá) nunca.

Ha bregado con casi todo, lo más reciente Benghazi o el Server-gate, la utilización de su correo electrónico personal para asuntos de estado. “Parece claro -afirma Avendaño- que se siente cómoda lidiando y apagando fuegos. Así ha sido durante los últimos 25 años y todo indica que, si gana la presidencia, seguirá navegando las procelosas aguas de los cuestionamientos con la gracia de una gacela y la pétrea piel de un rinoceronte”.

Ya en 1969, cuando fue la primera estudiante en pronunciar el discurso de fin de curso en el Wellesley College, lo tenía claro: “política es el arte de hacer lo que parece imposible, posible”. Y ese imposible-posible hoy es convertirse en la primera Madame President de la historia de Estados Unidos con permiso de los súper hombres y las sorpresas.

Autora: Sonia Lloret

Soy una periodista con más de 20 años de trayectoria, principalmente en medios impresos y online tanto en Latinoamérica como España. Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política por @cigmapucjc y Estudios Internacionales por @UniBarcelona, actualmente colaboro en distintos proyectos especializados en #compol y marketing político, pero no siempre fue así. Mis derroteros profesionales me han llevado por muchos, variopintos y divertidos destinos editoriales. He escrito para diversas fuentes y el reportaje, la crónica y la entrevista de personalidad o semblanza han sido lo que más han tecleado mis dedos en el ordenador, pero la política siempre ha orbitado a mi alrededor. Es más, incluso cuando me escribí en periodismo en la universidad mi segunda opción fue ciencias políticas. Así que un día no hace tanto me dije a mi misma: “ es hora de reciclarte y especializarte en comunicación política”. Y en estas estoy. En campaña permanente de formación.

 

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