Actualidad Política

¿Cuánto ha avanzado la comunicación política en España en los últimos años y por qué? ¿Se ha adaptado el PP a dichos cambios?

La principal evolución que ha experimentado la comunicación política en España en los últimos años ha sido la incorporación de las herramientas que proporciona Internet, las cuales permiten mantener un contacto más directo entre las instituciones y/o las organizaciones y los ciudadanos. Es el caso de las redes sociales.

El Partido Popular no ha conseguido adaptarse en su totalidad a dichos cambios. Por ejemplo, en el caso de las redes sociales, si bien ha creado y gestiona, en estos momentos, numerosos perfiles en todas y cada una de ellas, no los utiliza, en su mayoría, con la finalidad básica y correcta para la cual son ideadas. Casi todas las redes sociales nacen con una voluntad clara de establecer un diálogo entre sus usuarios. En otras palabras, éstas no deben ser nunca concebidas como una plataforma, exclusivamente, de difusión de mensajes. Si analizamos, por ejemplo, el Twitter del Partido Popular, podemos observar como no se establece una interacción con sus seguidores mediante RTs o contestaciones a sus comentarios.

¿Hay ocasiones en las que la comunicación y las limitaciones para comunicar condicionan las estrategias políticas?

En primer lugar, debemos tener en consideración que una estrategia, política o de la naturaleza que sea, nunca puede ser diseñada sin unos análisis- externo e interno- previos acerca de la organización, la institución o el individuo con el que estemos trabajando. Por todo ello, la estrategia política estará construida teniendo en consideración posibles limitaciones. Ahora bien, una mala práctica comunicativa no puede limitar a un partido porque es una cuestión básica para que el mensaje que se pretende transmitir llegue a los ciudadanos. Por ello, si existe un problema de comunicación en el partido, éste debe de ser enmendado de una forma u otra. Aquel partido que deje de llevar a cabo algunas estrategias políticas por un problema en su comunicación se verá gravemente perjudicado a largo plazo.

Los cambios que el Partido Popular ha intentado poner en marcha en estos últimos meses, ¿se limitan a un cambio de caras  o hay algo más allá?

En principio, se limitó a un cambio de caras, básicamente. Sin embargo, fruto de los resultados obtenidos en las Elecciones Municipales y Autonómicas de este año, sí que se nota que se quiere ir un poco más allá de esta mera acción. Ahora bien, el tiempo dirá si se está arrancado el problema de raíz o, si bien, sólo se trata de un cambio puntual de cara a mejorar los datos que ofrecen las encuestas pre-electorales actuales.

¿Son las nuevas caras del PP perfiles elegidos para representar al partido en los debates televisivos que vienen siendo tan protagonistas en los últimos tiempos?

Las nuevas caras del Partido Popular han sido seleccionadas con la intención de rejuvenecer, de alguna manera, la cúpula del partido; ya que han sido situados en puestos altos dentro de ella. No obstante, algunos de ellos sí que participan o han participado en debates televisivos. Es el caso de Pablo Casado, anteriormente colaborador habitual de La Sexta Noche o Las Mañanas de Cuatro.

Si verdaderamente se han producido cambios en la comunicación del PP, como así parece por la actitud de Rajoy, más dado a las fotografías en la calle y a discursos más distendidos, ¿es efectivo este cambio? ¿Es solamente una medida de cara a las elecciones, o un cambio en la forma de entender la comunicación en la política del PP, dado a pocos cambios en este campo?

Se ha producido un cambio parcial en la comunicación del PP. Estas acciones que son enumeradas aquí son simples acciones que no implican grandes consecuencias. Con esto no quiero decir que no haya cambios visibles en la comunicación del Partido Popular- sobre todo en lo que respecta a la actitud ante los medios de comunicación-, no obstante, no debemos exagerar y hablar de que esté habiendo una gran revolución comunicativa, ni mucho menos. Si es efectivo o no, lo veremos en las próximas encuestas. Por ahora, es algo evidente. Y no sólo para los profesionales que nos dedicamos a ello, sino para los propios ciudadanos, quiénes han pasado de ver a un Presidente que se esconde tras un plasma a un Presidente que se para a contestar las preguntas de los periodistas en los pasillos del Congreso o que se sienta en un plató de televisión días después de unas elecciones tan polémicas como las pasadas elecciones catalanas.

Con respecto a la otra pregunta, sólo el tiempo lo dirá. Yo, personalmente, tengo mis dudas, puesto que la filosofía del partido en este sentido no parece haber variado mucho. Me atrevería a decir, incluso, que se trata de su último cartucho para mejorar los datos que arrojan las encuestas de cara a las próximas elecciones. El tiempo tiene la respuesta.

¿Tiene el Partido Popular, y el Gobierno, un problema de comunicación?

Sin duda alguna. ¿Cómo, si no, un Gobierno que ha volcado absolutamente las tendencias económicas catastróficas de un país a las puertas de un rescate europeo puede presentar tan bajos niveles de aceptación entre la ciudadanía? El mensaje que les gustaría transmitir no llega a la ciudadanía y eso es un claro síntoma de que algo mal están haciendo. Además, juegan con otro enemigo en casa y es su desatino a la hora de diseñar sus estrategias comunicativas, las cuales, últimamente, parecen resumirse en una y es inculcar el miedo entre los votantes.

¿Fue la crisis del ébola y la mala gestión en los primeros momentos un punto de inflexión en la seriedad a la hora de preparar la comunicación en el gobierno?

No creo que la crisis del ébola y su mala gestión marcasen un punto de inflexión. El verdadero punto de inflexión fueron los resultados obtenidos en las Elecciones Municipales y Autonómicas de este año. La crisis del ébola sólo evidenció al gran público lo que los profesionales de este sector veníamos vaticinando: que el Gobierno tenía serios problemas de comunicación. Y, obviamente, una mala práctica comunicativa puede agravar y perjudicar la gestión de una crisis de tal magnitud.

Hemos visto como en los últimos meses han desaparecido las corbatas en muchas indumentarias de políticos. ¿Este tipo de detalles llegan a los ciudadanos y los votantes?

La vestimenta de un político es un arma más a la hora de transmitir el mensaje que desea hacer llegar a sus electores. Por esa razón, debe de estar muy bien cuidado. Sin embargo, esos detalles consiguen llegar siempre y cuando marquen un elemento diferenciador con respecto a las demás figuras políticas. Podríamos resumirlo en que consigue llegar a los ciudadanos el que toma la iniciativa y lo hace primero. Si a partir de ese momento los demás se unen a esa moda, el efecto diferenciador desaparece, perdiendo, esos detalles, el valor que puedan tener a la hora de lanzar una mensaje claro a los votantes. En definitiva, la clave es diferenciarse de los demás y que, en todo momento, la vestimenta que lleves sea coherente y vaya acorde a tu mensaje y tu estrategia comunicativa.

¿Es inteligente que el ministro de exteriores sea el que debata con un candidato independentista?

Es un error en la implementación de la estrategia. El Gobierno de Mariano Rajoy se cansó de afirmar, por activa y por pasiva, que las pasadas Elecciones en Catalunya eran, simplemente, unas elecciones de carácter autonómico. No obstante, entraron, absolutamente, dentro del frame que querían imponer los partidos independentistas: el de España vs. Catalunya. Entraron de lleno en su juego enviando al Ministro de Exteriores a ese debate; traicionando, así, su estrategia y dejando en evidencia las declaraciones anteriormente ofrecidas. Ese debate no tenía ningún sentido si sólo se trataban de Elecciones Autonómicas. Incoherencia en estado puro.

¿Veremos algún día debates electorales como los que se ven en Estados Unidos?

Ojalá que sí. Por el bien de nuestra democracia y de nuestra profesión. El problema que hay actualmente en España con los debates electorales es el miedo que tienen los políticos a participar en ellos. Un miedo que es fruto de la escasa cultura comunicativa, políticamente hablando, que hay en este país y de la desconfianza y el cierto rechazo que genera el admitir que se tiene un problema de comunicación y que se necesita ayuda para corregirlo. La mayoría de los políticos españoles no aceptan esta última premisa y son muy reacios a la hora de formarse y preparase adecuadamente en este sentido.

¿Cuánto daño ha hecho a Rajoy su entrevista con Carlos Alsina?

Menos del que la gente se piensa y más del que el Partido Popular quiere aceptar. Por una parte, ha hecho más evidente aún el problema comunicativo del Gobierno a todos los ciudadanos, incluso a aquellos que no siguen con interés la política. La fuerza de las redes sociales ha superado cualquier expectativa, llenándose, estas últimas, de todo tipo de memes y vídeos parodiando el momento. Sin embargo, no debería sorprendernos tanto, ya que no podemos esperar algo diferente de un Presidente que se muestra reacio con respecto a la necesidad de prepararse y formarse comunicativamente hablando. Ahora bien, tampoco deberíamos creer que sus votantes dejarán de apoyarlo por esto. Están acostumbrados o, por lo menos, deberían estarlo.

¿Cuál es el mayor problema en comunicación en el PP? ¿Y su mejor punto fuerte?

El mayor problema en comunicación del PP es su actitud y su filosofía de escepticismo, y hasta rechazo, con respecto a la comunicación política.  Además de que nunca la comunicación podrá ser útil cuando la base de todo, la estrategia, esté equivocada. Si la estrategia del partido es errónea, también lo será su plan de comunicación. En este sentido, sería muy interesante que el Partido Popular girara un poco la cabeza hacia los lados y observara que tiene a su alrededor un gran abanico de oportunidades en el terreno de la comunicación. ¿Qué tal si probáramos con algo diferente? ¿Con algo de emociones quizás?

Su mejor punto fuerte es, sin duda, la materia prima con la que se puede trabajar: el vuelco que han dado los datos económicos en esta legislatura. Unos datos que pueden servir muy bien para trabajar los mensajes y el storytelling del partido.

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