Es la esquizofrenia, estúpido

Los sucesos recientes en el entorno político de Estados Unidos y en España parecen desafiar la razón y la lógica, por lo que merecería afirmar…es la esquizofrenia, estúpido.

El afamado estratega político estadounidense James Carville acuñó la frase en inglés “Its the economy, stupid” (Es la economía, estúpido) para explicar en enfoque de la estrategia de comunicación política del entonces candidato Bill Clinton, quien logró desbancar al entonces titular presidente George H.W. Bush padre.

Esa frase ingresó en la cultura política estadounidense para enfatizar lo esencial de tener un mensaje sencillo dentro de la estrategia política, pero también ha sido usada para explicar lo que resulta irónico del entorno político o aquello que desafía la lógica y el entendimiento.

Los sucesos recientes en el entorno político de Estados Unidos y en España parecen desafiar la razón y la lógica, por lo que merecería afirmar…es la esquizofrenia, estúpido.

Sin ninguna intención de insultar a las personas que padecen una enfermedad tan compleja como la esquizofrenia; una afección que se caracteriza como “trastorno mental que dificulta diferenciar lo que es real de lo que no,” que “dificulta pensar con claridad, tener respuestas emocionales normales y actuar de manera normal,” nos atrevemos a realizar tal analogía.

Las noticias en Estados Unidos y en España reflejan que los principales actores políticos tienen problemas para entender su entorno político y tomar decisiones que vayan a tono con la realidad que le comunican sus potenciales electores.

Simplemente se han enajenado de la realidad, sumando mayor desconfianza entre los ciudadanos. Y en la política de hoy usar la “confianza” como cuestión de mensaje no funciona; ya que la confianza se gana con la acción.

Curiosamente, en otro análisis en RedComPol señalé que en ambos lados del Atlántico lo que prevalece es un discurso radicalizado y centrado en lograr el objetivo de monopolizar la atención de un entorno mediático, cuya agenda la dominan los social media. Quizás sus estrategas presumen que si sus “posts “en los social media dominan el discurso, pueden movilizar el voto y eso se traduce en ganar indulgencias con sus seguidores, aunque eso no necesariamente la realidad. En los social media no se ganan las elecciones.

En Estados Unidos el episodio esquizofrénico lo comparten en igual proporción ambos candidatos presidenciales. Donald Trump tiene la delantera producto de sus inconsistencias, exabruptos y lenguaje políticamente incorrecto que produce millones de notas de prensa y comentarios en social media. A pesar de su cuasi hegemonía mediática, Trump no logra cambiar la opinión de potenciales electores en las múltiples encuestas y la defección de los principales lideres del GOP.

Hillary Clinton podrá mantener la ventaja en las encuestas pero sus estrategas políticos se ven precisados a ser reactivos a la campaña poco ortodoxa de Trump sin poder establecer una estrategia sólida. El escándalo de los correos electrónicos toma precedente y desvía la atención hacia lo que su oposición tilda de incapacidad para gobernar. La candidata se presenta evidentemente cansada y el avasallador trote de la recta final le esta pasando factura.

Pero es en España donde el contexto político desafía cualquier paradigma de las ciencias políticas. La posibilidad de que se tengan que celebrar una tercera ronda de elecciones, tiene perplejos a todos y da entender que los políticos se están volviendo locos. Concurro con mi colega en este espacio, Irene Carmen de Dios, en que volver a unas elecciones “supondría un total y absoluto fracaso de la democracia española.”

Los partidos históricos y las nuevas fuerzas políticas no han podido entender lo que el electorado español expresó en dos ocasiones a favor de un “gobierno compartido.” Es tal la desconfianza de los españoles a la forma tradicional de hacer política, que han votado casi de manera idéntica, buscando que no exista una mayoría absoluta. En mi apreciación, los españoles quieren forzar las alianzas donde un partido vela al otro. Cualquier política pública o legislación tiene que ser producto del consabido balance de intereses pero los objetivos de cada partido, y en particular de sus lideres, evidencia una desconexión con la realidad.

En el 2007 el estudioso norteamericano Drew Westen concluyó que los electores no evalúan posturas de manera desapegada o imparcial, sino que la emoción tiene un rol trascendental, sin embargo, no hay que olvidar que existen emociones corrientes y que hay un nivel de realidad.

Ante lo que se perfila habrá de ocurrir en los próximos meses, quizás lo que lo explique estas situaciones sea la esquizofrenia, estúpido.

Autor: J.Q. Diaz

Asesor de asuntos públicos radicado en San Juan, Puerto Rico. Ha ocupado diversas posiciones en diversas esferas del quehacer público en Puerto Rico y Estados Unidos. Posee un Juris Doctor de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, un Master en Ciencias de la Comunicación de Illinois State University y una Licenciatura en Marketing de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Es profesor adjunto de Seguridad en la Universidad del Sagrado Corazon. Es co-dueño de una empresa de consultoría en gestión de recursos externos para I+D y asuntos públicos, The Consulting Lead (www.theconsultinglead.com) con clientes en Puerto Rico y EEUU. Es columnista regular en USA Hispanic Press, con sede en Washington D.C.

 

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