Moción sin censura

 

> Viviendo la resaca post moción sin censura, la tercera en la historia de la democracia, que el día 15 de junio cumplió sus 40 primaveras, analizaremos los acontecimientos desde la barrera.

Fuente imagen: wikimedia.org

El 13 de junio de 2017 pasará a la historia como el día en el que el partido de Pablo Iglesias decidió dar un paso al frente para presentar una moción de censura sin apoyos suficientes en la cámara, de hecho, fue rechazada por el 76% de la Cámara.

No es la primera vez que en el Congreso de los Diputados nos encontramos ante esta tesitura política, al igual que no es la primera vez que no prospera una moción de censura contra el gobierno.

Para presentar una iniciativa de este tipo, la Constitución en su artículo 113, es clara: “la moción de censura deberá ser propuesta al menos por la décima parte de los diputados, esto es 35 diputados, en escrito motivado y dirigido a la Mesa del Congreso y habrá de incluir un candidato a la Presidencia del Gobierno”. Continúa: “no podrá ser votada hasta que transcurran cinco días desde su presentación y en los dos primeros días de dicho plazo podrán presentarse mociones alternativas”. Y en su apartado 4, el artículo 113 establece que “en el caso de que la moción de censura no fuera aprobada por el Congreso, sus firmantes no podrán presentar otra durante el mismo periodo de sesiones para evitar abusos”.

Pero, ¿Será tiempo suficiente para que se vuelva a montar otro “show” sin censura?

Si hacemos un breve recorrido por la democracia, en el año 1980 fue Felipe González el que se animó a intentar destituir a Adolfo Suarez. En el año 1987, Antonio Hernández la presentó contra Felipe González y en el 2017, Pablo Iglesias contra Mariano Rajoy.

Si entramos en el breve análisis de las tres mociones de censura presentadas en el Congreso de los Diputados, encontramos las siguientes características:

En 1980, González presentó una moción de censura contra Suárez: recibió 152 síes (PSOE, PCE, PSA, UPC, EE, ERC); 166 noes (UCD); 17 abstenciones (AP, PAR y dos exUCD) y 15 ausencias (PNV, HB y MC). Felipe González se quedó a solo 24 votos de destituir a Suarez.

«Tanto Suárez como González, cada uno en su estilo, protagonizaron intervenciones eficaces de cara a sus electorados y en función de sus respectivas encrucijadas políticas —dijo la crónica de ABC al día siguiente—. El presidente leyó un texto previamente escrito, tras improvisar algunas réplicas a la interminable retahíla de alusiones que los socialistas le habían dirigido desde la tribuna con el ánimo de forzar su confrontación con Felipe González. El secretario general del PSOE, y candidato a la investidura, utilizó su habitual estilo coloquial, ayudándose de unas notas».

En 1987, Antonio Hernández Mancha, presidente de AP, presentó la moción de censura contra el Ejecutivo socialista, iniciativa que decidió la ejecutiva de Alianza Popular “ante el fracaso de su gestión, el deterioro general de la situación por la que atraviesa el país y la incapacidad del Gobierno para afrontarlo”. Hernández Mancha, que no era Diputado, consiguió 332 votos emitidos, 67 a favor (AP y Unión Valenciana), 195 en contra (PSOE, Izquierda Unida, PNV, EE) y 70 abstenciones (CDS, CIU, PDP, PL, PAR, AIC y CG.

Y, en 2017, donde Mariano Rajoy tilda de fracaso la moción por considerarla un rechazo a radicales y extremistas, obtuvo una votación de 82 votos a favor (Unidos Podemos, ERC, Compromís y EH Bildu), 170 en contra (PP, Ciudadanos, Coalición Canaria) y, 97 abstenciones (PSOE, con una diputada ausente, PDeCAT y PNV).

La presentación de las mociones de censura a lo largo de la democracia, que han sido abocadas al fracaso, tiene un firme objetivo. Dar visibilidad y calidad de liderazgo al propuesto presidente, en este caso, Pablo Iglesias. Así ocurrió en 1980, 1987 y, la historia se repite.

Felipe González y su moción de censura al gobierno de Adolfo Suarez, así lo demostraba también.

Los escasos votos a favor de la moción de censura muestran una disconformidad al modelo alternativo presentado por el equipo de Pablo Iglesias y una continuidad de llevar a cabo medidas que vayan en la línea de la mayoría ciudadana. Pero, no se debe olvidar que desde la oposición también se llega a acuerdos y más, con un gobierno en minoría.

La principal diferencia entre la moción de censura de 1980 y la actual radica en que, en la actualidad, nos asemejamos más a “un circo o una taberna”, una “teatrocracia”, como diría el filósofo surcorenano, Byung-Chul Hanque a un Congreso de los Diputados donde deben estar representados el sentir de todos y cada uno de los ciudadanos españoles.

Autora: Irene Carmen de Dios Gallego

Licenciada en Ciencias políticas , Derecho y Máster en Abogacía en la Universidad Pablo de Olavide y en la UNED. Ha sido coordinadora de la Campaña Nacional para los candidatos al Congreso de los Diputados de Sevilla y responsable de Acción Política a nivel Autonómico con Ciudadanos.

Voluntaria en el Departamento Jurídico de la ONGD TeTocaActuar y Asesora jurídica en Jarana Asesores.

Moción sin censura
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Comments

  1. Jose Lopez

    Muy buena explicación de porque y para que sirven estás mociones de censura, y sobre todo la última que el protagonista quedó destrozado, no sólo por el saber político del censurado, más bien por la baja calidad del ponente.

    Jose López, fundador del SUP (Sindicato Unificado de Policía), y primer Secretario General del.mismo