MUJERES

La igualdad real y efectiva debería ser una realidad en el S.XXI pero aún queda mucho camino por recorrer. Conciliar la vida profesional y personal, es a veces misión imposible si eres mujer.

El liderazgo, concretamente el político, es una palabra que todos conocemos o hemos escuchado en alguna ocasión. Anteriormente, era algo enmarañado con múltiples perspectivas según la costumbre del momento. Fue entonces cuando la revisión de los modelos tradicionales de liderazgo y la valoración de su idoneidad, dieron los frutos esperados, estableciéndose así una definición y parámetros de liderazgo más claros y definidos.

Cuando hablamos de líderes políticos a nivel mundial podemos encontrarnos con 807 biografías en las que aparecen diferentes figuras relevantes en el panorama político, pero casualmente, de esas 807 biografías, escasas mujeres ocupan puestos de responsabilidad como líderes o, al menos, no reconocido. Algunas de las mujeres que tienen reconocido ese liderazgo son, Benazir Bhutto, como primera ministra en Pakistan, Pratibha Patil como presidenta de la India, Sonia Gandh como líder del Partido del Congreso en la India, Yingluck Shinawatra como primera ministra en Tailandia, Chandrika Kumaratunga como Presidenta de la Repúbica en Sri Lanka, Sirimavo Bandaranaike como primera ministra en Sri Lanka, Tzipi Livni como primera ministra en Israel, Angela Merkel en Alemania, Cristina Cifuentes en Madrid, Hilary Clinton como candidata a la presidencia de los EE.UU, Manuela Carmena en Madrid, Susana Díaz en Andalucía , Victoria Kent o Clara Campoamor, entre otras. Pero, ¿Realmente de 807 personalidades importantes en el panorama político mundial, apenas 100 son mujeres? ¿Qué está sucediendo? ¿No tienen las mujeres la capacidad de liderazgo?

Uno de los aspectos más destacables en el cambio de la sociedad española desde los años 30 es el papel de las mujeres en la sociedad actual. Un papel de mayor protagonismo e integración en el terreno político social y económico que a principios del S.XXI y que es perceptible en el conjunto nacional de mujeres. También es cierto que se arrastran muchos comportamientos característicos de épocas pasadas en mujeres de mayor edad y que corresponden a generaciones que vivieron el franquismo en su vida adulta o que recibieron educación en este periodo.

Del mismo modo, es cierto que no podemos generalizar ya que actualmente las cuotas de estudios universitarios es superado por el número de mujeres y que por primera vez en España se han igualada en número la de tasa de actividad entre hombres y mujeres de la misma edad.

La participación de la mujer en los varios ámbitos económico o culturales, se ha elevado hasta alcanzar cotas, si no igualitarias, si, al menos, representativas de un avance muy significativo. Son síntomas evidentes de que la sociedad española está consiguiendo salvar lo que ha venido denominándose discriminación de género. Pero no podemos conformarnos con esto, ya que aun leyendo estos datos y sintiéndonos orgullosas de los avances, aún queda mucho por trabajar.

Los valores que han sido asociados a la mujer, como la cordialidad, la compasión, sensibilidad y cuidado son los que ahora, sin necesidad de perderlos, tenemos que aprender a compaginarlos con el rol de la mujer trabajadora y totalmente integrada en la sociedad.

No podemos permitir que estos valores entren en conflicto con las nuevas funciones y tareas que las mujeres emprenden en el siglo XX. El nuevo prototipo de mujer se encarna en la ejecutiva, la profesional, la directiva, militar, la ingeniera, la científica,… que empiezan a ocupar áreas de trabajo que siempre habían desempeñado hombres. A partir de aquí todo un proceso tiene lugar para combinar la maternidad y las funciones tradicionales restantes con la actividad laboral y que necesitan equilibrarse sustentadas por los cambios en los roles masculinos y la infraestructura de la sociedad.

Aun habiendo conseguido todos estos avances, en pleno S.XXI nos seguimos encontrando con el mismo debate de la incorporación de la mujer en el mundo laboral, las cotas de poder y alcanzar un verdadero liderazgo. Estas mujeres del siglo XXI siguen teniendo dificultades al compaginar su vida profesional y personal. Siguen teniendo problemas para adquirir puestos de responsabilidad cuando tienen familia e hijos. Siguen teniendo problemas acerca de su perpetuidad en una determinada empresa cuando están en edad fértil y siguen teniendo problemas de reconocimiento de su trabajo.

La dificultad con la que se encuentran las mujeres las llevan a adquirir puestos de trabajo mal remunerados lo que consecuentemente termina perjudicando, no sólo en las pensiones, sino también en la adquisición de puestos de responsabilidad.

Este debate debería estar superado, pero sin embargo es nuestro pan de cada día el tener que elegir entre la familia y el trabajo no es un debate que tenga cabida en pleno Siglo XXI. Tenemos que erradicarlo creando políticas de igualdad efectiva en las que las mujeres no tengan que elegir, puedan desarrollarse profesionalmente y puedan disfrutar de su familia. Esto nunca debió ser incompatible ni objeto de debate.

Tenemos que decir que hemos avanzado mucho, pero que la brecha salarial, los impedimentos para ser madre y la presencia femenina en altos puestos de decisión deben quedar obsoletos y por ello, las mujeres tenemos que ser valientes, seguir luchando por una igualdad real y efectiva y dejar claro que la sociedad tiene que seguir evolucionando para que dentro de unos años el debate de la mujer y su igualdad de condiciones sea un debate totalmente obsoleto.

A modo de datos significativos, sólo un 22 por ciento de las y los parlamentarios nacionales eran mujeres en agosto de 2015, lo que significa que la proporción de mujeres parlamentarias ha aumentado muy lentamente desde 1995, cuando se situaba en un 11,3 por ciento. Del mismo modo, en agosto de 2015, 11 mujeres eran Jefas de Estado y había 10 Jefas de Gobierno y, a modo de escala mundial, en agosto de 2015 había 37 Estados donde las mujeres representaban menos de 10 por ciento del total de las y los parlamentarios en cámaras individuales o cámaras bajas, incluyendo 6 cámaras con ninguna mujer en absoluto.

Autora: Irene Carmen de Dios Gallego

Licenciada en Ciencias políticas , Derecho y Máster en Abogacía en la Universidad Pablo de Olavide y en la UNED. Ha sido coordinadora de la Campaña Nacional para los candidatos al Congreso de los Diputados de Sevilla y responsable de Acción Política a nivel Autonómico con Ciudadanos.

Voluntaria en el Departamento Jurídico de la ONGD TeTocaActuar y Asesora jurídica en Jarana Asesores.

 

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