El nativismo y la inmigración: ¿Aprenderá de la historia el GOP?

La historia podría muy bien repetirse. El nativismo y la inmigración vuelven a representar los compendios de un futuro incierto para el Grand Old Party,” ante la realidad de tener como candidato presidencial a Donald Trump.

El Partido Republicano de hoy tiene que revisar la historia de su fundación y aprender lo que ocurrió en el Siglo 19 tras el desmantelamiento del Partido de los Whigs. Aún ante una posible victoria de Trump, el resultado podría representar el final del GOP.

La lección que deben repasar radica precisamente en el momento de su fundación como partido, cuando el prejuicio y la xenofobia, presentes desde la fundación del país, casi provocan el fracaso de una joven nación.

A mediados del Siglo 19 y antes de la Guerra Civil estadounidense, la inmigración, particularmente de Irlanda e Italia, produjo un sentimiento generalizado entre los estadounidenses de que los “flujos de indeseables de Europa” eran la causa de los mayores problemas de la nación. Se le suma el debate sobre la esclavitud dentro del seno de todos los partidos principales, divididos por unos estados sureños agrarios y estados norteños industriales. Tan fuerte era la oposición a la inmigración que el sistema político llegó a ser tripartita, donde la otra fuerza política era el partido conocido como los Know Nothing (no saben nada); un partido anti-inmigración irlandesa y anti-católico.

Para 1854 el Partido Republicano fue fundado por un grupo de ex integrantes del partido Whig, bajo una plataforma anti esclavista. Inmediatamente el GOP se convierte en oposición del Partido Demócrata, creando el sistema bipartita que ha perdurado hasta hoy. Su primera victoria se produce en 1860 cuando Abraham Lincoln gana la presidencia del país.

Pero el dato que debe recordar el GOP de hoy es que su creación es producto del fracaso de otro partido, los Whigs. Históricamente la ideología de los Whigs apelaba a un elector favorecedor del libre mercado, cerrado a la inversión extrajera y creyente en la no intervención de Estados Unidos en asuntos internacionales.

El partido Whig se desmoronó producto del fraccionamiento interno cuando nominaron para presidente en 1848 a un soldado acaudalado, esclavista, charlatán, sin experiencia como era el General Zachary Taylor. Para muchos historiadores Taylor es uno de los peores presidentes de EEUU. Su selección estaba predicada en su fama como un comandante victorioso de la guerra de Estados Unidos con Méjico.

El escoger a Taylor produjo grandes divisiones, a pesar de haber ganado la presidencia ese año. Tan pronto se produjo la nominación Taylor reclamó que su nominación era producto de su “honestidad e integridad nunca superada y raramente igualada solo por George Washington.” Ante una oposición dentro del

partido durante la campaña resulto en una serie de cartas de Taylor donde reclamaba su independencia de criterio, rechazando la disciplina de partido y llegando al extremos de indicar que hubiese aceptado la nominación demócrata en su interés de representar a todos los estadounidenses.

La elección de Taylor causó una ruptura irreparable en el partido Whig del cual nunca se pudieron recuperar. Su ignorancia de los procesos políticos causo grandes problemas hasta que murió luego de solo un año en la Casa Blanca, y sustituido por su vicepresidente Millard Fillmore. En 1852, ante la posibilidad de nominar al presidente Fillmore, el sector anti-esclavista del partido logró la nominación del General Winflield Scott, un candidato flojo que resultó derrotado fácilmente ante el demócrata Franklin Pierce.

Al presente, pareciera que las coincidencias de la historia se replicaran de manera asombrosa. Trump se vale de su retórica nativista y de los artificios de su alegada grandeza como candidato. Tras los más recientes escándalos que han forzado al comité ejecutivo del Partido Republicano a mover sus fondos hacia otros candidatos, el efecto de la candidatura de Trump y la presencia del Tea Party, quizás sean un augurio de que el GOP desaparezca, surgiendo otras formaciones que tomen la bandera de la derecha conservadora.

Asimismo, ante la realidad del crecimiento vertiginoso de los hispanos en Estados Unidos, otra lección para el GOP será el no rechazar el uso de la inmigración como un balón político.

El GOP esta a tiempo de mitigar el daño, solo tiene que repasar su historia.

 

Autor: Jeff Q. Díaz

Asesor de asuntos públicos radicado en San Juan, Puerto Rico. Ha ocupado diversas posiciones en diversas esferas del quehacer público en Puerto Rico y Estados Unidos. Posee un Juris Doctor de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, un Master en Ciencias de la Comunicación de Illinois State University y una Licenciatura en Marketing de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Es profesor adjunto de Seguridad en la Universidad del Sagrado Corazon. Es co-dueño de una empresa de consultoria en gestion de recursos externos para I+D y asuntos públicos, The Consulting Lead (www.theconsultinglead.com) con clientes en Puerto Rico y EEUU. Es columnista regular en USA Hispanic Press, con sede en Washington D.C.

 

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