Nueva Asamblea Nacional

¿Ganó la derecha en Venezuela?

Lo dice y repite el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, como especie de mantra: las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 las ganó “la derecha fascista contrarrevolucionaria”. A esa misma derecha, pero sin adjetivos, se refiere buena parte de la prensa latinoamericana y europea cuando se refiere a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). No es nuevo. Esa matriz está instalada hace rato en la opinión pública internacional.

¿Pero es realmente la “súper mayoría” de l12 diputados de la MUD un bloque ideológico homogéneo? O para ser precisos, 109 debido a que tres diputados indígenas no han podido ocupar su curul tras los recursos introducidos por el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), para así romper la mayoría calificada que permite, entre otras medidas, votos de censura contra el vicepresidente y los ministros, reformar la Constitución o la posibilidad de realizar referendos como el que podría acortar el mandato del presidente Nicolás Maduro.

La jugada, amparada en un TSJ cuyos jueces fueron nombrados a dedo por el gobierno después de las elecciones, ha sido la primera de varias que se han escenificado en el nuevo tablero parlamentario: epicentro hoy de la lucha política entre el ejecutivo y el legislativo. Quién ganará el pulso en el llamado choque de poderes en Venezuela sólo el tiempo lo dirá; de momento, lo que sí podemos tratar de dilucidar es esa discordancia entre lo percibido como real (la MUD es de derechas) y lo real.

La MUD, coalición opositora

La Mesa de la Unidad Democrática nació en 2008 como una alianza para vencer al chavismo en las urnas. Tras el Acuerdo de Unidad Nacional de 2009 se reestructuró y hoy está compuesta por diversas unidades como derechos humanos, asuntos sociales, asuntos internacionales, organización o movilización y temas electorales.

Actualmente está conformada por 25 partidos de diferentes corrientes ideológicas que van desde los comunistas, pasando por los socialdemócratas hasta los liberales. Por tanto, no se trata de un bloque monolítico, más bien todo lo contrario: ponerse de acuerdo en lo esencial ha sido un constante ejercicio de negociación.

Ni todos piensan lo mismo ni todos creen que haya una única estrategia para solventar los graves problemas del país, pero los consensos se imponen y cuando no los hay, por ejemplo, con respecto a algún candidato se buscan vías como las primarias.

El perfil ideológico e ideario de los partidos de oposición, que obtuvieron más de 7.707.422 votos el pasado 6 de diciembre, da cuenta de la diversidad de la MUD. Comencemos por los cuatro que más sufragios recibieron.

Primero Justicia (PJ) -cuyo máximo representante es el excandidato presidencial y gobernador del estado Miranda Henrique Capriles- logró la mayor representación con 33

diputados. PJ se autodefine como centro humanista y su “acción política” está orientada “en la persona humana y su dignidad (…) en construir el equilibrio entre libertad e igualdad, promoviendo el progreso popular y la justicia social”.

El segundo partido con 25 diputados es el histórico Acción Democracia (AD), cuyo líder es Henry Ramos Allup, actual presidente de la AN. Hasta la llegada de Hugo Chávez en 1999, esta formación socialdemócrata adscrita a la Internacional Socialista fue una de las dos caras del bipartidismo. La otra fue el partido demócrata cristiano COPEI.

Un Nuevo Tiempo (UNT) con 18 parlamentarios es la tercera fuerza de la MUD en la cámara. El líder de esta organización, que se inscribe en la democracia social, es el ex candidato presidencial Manuel Rosales, hoy en la cárcel tras años de exilio. Según su congreso ideológico, UNT “pretende ser la expresión más avanzada de los valores universales de la centroizquierda, democrática, no dogmática y moderna”.

El cuarto partido con 14 diputados es Voluntad Popular (VP), de corte progresista. Su representante nacional y fundador es Leopoldo López, encarcelado en la prisión militar de Ramo Verde por ser, según sentencia del TSJ, responsable intelectual de la muerte de 43 personas en las protestas de 2014. Tanto VP como UNT también son miembros de la Internacional Socialista.

El resto de partidos de la MUD que obtuvieron representación en la Asamblea tampoco pueden considerarse de derecha. Tal es el caso de La Causa Radical (Causa R) con cuatro diputados. Fundado en 1971 por un grupo de disidentes del Partido Comunista de Venezuela su ideario se basa en la democracia radical de Alfredo Maneiro: participación popular, profundización de la democracia contraria al socialismo autoritario y a la democracia liberal.

Con igual número de diputados, el Movimiento Progresista Venezuela (MVP) se ubica en el centroizquierda de la escala ideológica. Fue creado en 2012 tras una escisión del partido político Patria Para Todos (PPT).

Por su parte, Cuentas Claras y Avanzada Progresista (AP) con dos diputados respectivamente se inscriben en el centro progresismo. En la doctrina de AP se indica que no solamente es una organización de izquierda, sino que se trata de “una izquierda eficiente, una izquierda moderna, moderada, progresista”. Su presidente es Henri Falcón, gobernador del estado Lara y disidente del chavismo.

Con un representante, Gente Emergente se sitúa en el centro izquierda y Alianza Bravo Pueblo, también con un diputado, es socialdemócrata. Su líder y miembro fundador es Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, actualmente en arresto domiciliario.

Frente a esta mayoría de izquierda y progresismo de diputados de la MUD, Proyecto Venezuela (dos diputados) es de corte socialcristiano y pertenece a la Unión Internacional Demócrata, mientras Vente Venezuela (un diputado) se inscribe en el liberalismo. Su cara más visible y coordinadora es la exdiputada María Corina Machado.

Lucha por lo tangible y lo simbólico

En la práctica parlamentaria -aunque lenta para muchos venezolanos, dado los graves y urgentes problemas del país- los diputados de la MUD intentan cumplir su programa electoral si bien tienen al frente la estrategia de ataque y desgaste del ejecutivo basada, entre otros aspectos, en el manido discurso izquierda-derecha: pueblo vs oligarquía, patriotas vs apátridas y demás adjetivos comparativos.

El mensaje-clave transmitido transversalmente desde el presidente hasta el último vocero del gobierno es que la oposición viene a arrebatar todos los logros y beneficios obtenidos en revolución. A nivel de opinión pública se trabaja en ese eje de la amenaza y a nivel de la lucha de poder se busca ralentizar lo más posible la toma de decisiones.

Un ejemplo es la ley de vivienda. Como afirmó en prensa el diputado opositor Julio Borges, la medida aprobada en primera discusión busca crear una figura legal para convertir en dueños de sus casas a los favorecidos con la Gran Misión Vivienda Venezuela y no en “ocupantes” como son en la actualidad.

La respuesta vino de la mano del presidente Maduro en mensaje de radio y televisión: “el pueblo tiene que irse a las calles a luchar frente a la ley de estafa de la oligarquía que pretende privatizar la vivienda, el pueblo en las calles, con su Constitución, con amor, paz, pasión, a defender el derecho a la vivienda (…) Si esa ley de privatización se aprueba, termina la Misión Vivienda”.

A partir de esa alocución ese mensaje marco se repite en cascada por los oficialistas para reforzar la matriz. Sin embargo, en esta oportunidad el llamado a “rebelión” del presidente no ha tenido mayor resonancia: es difícil protestar porque te quieran otorgar un título de propiedad.

Triunfo del discurso ¿o no?

La instalación de la dicotomía izquierda-derecha como estrategia le ha funcionado al oficialismo a nivel exterior e interno. En un país altamente politizado en el que no hay medias tintas: eres el bueno (nosotros, el pueblo) y el malo (la oposición, la MUD).

De facto, en Venezuela se da un nuevo bipartidismo PSUV-MUD, el partido oficialista se autoerige como el representante de la izquierda y su contraparte no puede ser otra que la derecha (o falsa derecha). Las etiquetas simplificadoras y estereotipos funcionan a nivel social.

Como explicaba la analista Thays Peñalver, en el periódico El Universal, en Venezuela “la izquierda y la derecha no son precisamente posturas ideológicas, sino sencillamente imágenes (visuales, acústicas y mentales) que llevan a la mayoría del electorado a tener prejuicios políticos”.

¿Están los medios de comunicación simplemente repitiendo ese discurso instalado en la realidad venezolana? Quizás y no es de extrañar pues como ya lo dijo hace varios siglos el escritor Baltasar Gracián: “las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen”.

Y le toca a la MUD desmontar ese discurso con una estrategia comunicacional y la construcción de su propio relato, imágenes y simbolismo. Persuadir y convencer sobre su pluralidad ideológica a propios y extraños.

 

Autora: Sonia Lloret

Soy una periodista con más de 20 años de trayectoria, principalmente en medios impresos y online tanto en Latinoamérica como España. Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política por @cigmapucjc y Estudios Internacionales por @UniBarcelona, actualmente colaboro en distintos proyectos especializados en #compol y marketing político, pero no siempre fue así. Mis derroteros profesionales me han llevado por muchos, variopintos y divertidos destinos editoriales. He escrito para diversas fuentes y el reportaje, la crónica y la entrevista de personalidad o semblanza han sido lo que más han tecleado mis dedos en el ordenador, pero la política siempre ha orbitado a mi alrededor. Es más, incluso cuando me escribí en periodismo en la universidad mi segunda opción fue ciencias políticas. Así que un día no hace tanto me dije a mi misma: “ es hora de reciclarte y especializarte en comunicación política”. Y en estas estoy. En campaña permanente de formación.

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