República Dominicana: Bipartidismo de alianzas políticas

Ayer 15 de mayo, República Dominicana celebraba unas elecciones históricas, con más de 6 millones y medio de personas llamadas a las urnas.

Unas elecciones, que a pesar de que según los resultados preliminares Danilo Medina vuelve a ser reelegido como presidente, estás se han presentado con varias novedades, tanto en su  forma como en su contenido. Por un lado, respecto a la forma, esta ha sido la primera vez en 20 años donde se han registrado unas elecciones presidenciales, legislativas y municipales de forma simultánea. Siendo esto posible, gracias a la reforma constitucional que se produjo en 2010, donde se aprobó la concurrencia de las tres elecciones a partir de 2016. Con ello, se espera que las elecciones presidenciales que cuentan con alrededor de un 70% de participación, haya sido capaz de de movilizar a las parlamentarias que suelen establecerse en torno al 55%.

Una simultaneidad, que se hace viable a través de la importancia que recobra el presidencialismo para la estructura de partidos y que según los grados que establece Dieter Nohelen, sería valorada como “baja simultaneidad”, pues estas elecciones se han producido el mismo día.

Respecto al contenido, estas se han presentado con un nuevo pacto producido entre el PLD  y el PRD. Un pacto ocasionado por varios factores entre los que se destaca; la descomposición organizativa del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), una división que ha desencadenado, la creación del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en el 2014. Otro de los factores destacados, ha sido el predominio del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en las cámaras legislativas, que ha permitió una fácil y rápida negociación para la reforma de la constitución de 2010, y por ende la mayor popularidad del presidente Danilo Medina, que lo hace nuevamente candidato a las presidenciales, pero esta vez con una candidatura unificada con el PRD.

Estas alianzas  nos muestra la baja estructura programática y el elemento clientelar encontrado dentro del sistema de partido de la República Dominicana, que no sólo se  relaciona con los ciudadanos sino que también interacciona entre los distintos partidos. Una ausencia de competencias programáticas acompañada de la gravitación de los partidos pequeños hacia los dos mayoritarios (PLD y PRD), hace que la continuidad o la alternativa en el poder dependa de una balanza.

Una vez desaparecido el caudillismo, quienes proporcionaban bases ideológicas y programáticas en sus partidos de referencia, la consolidación democrática encauzada por la llamada “tercera transición”,  instaura en el país un tipo de presidencialismo pluralista, donde la cooperación entre partidos y el intercambio se han consagrado como los elementos claves para la construcción de mayorías y de una gobernabilidad democrática.

Estas experiencias de negociación, cooperación y arreglo consensuales muestran un tipo de presidencialismo en el que no hay perdedores absolutos y una dinámica del sistema de partido en progresiva evolución del tripartidismo al “bipartidismo satelital” (Espinal, 2010), con una distribución desigual de voto y escaño.

Un bipartidismo multipartidario que configura un sistema político semejante al de Chile hace más de 20 años. Por un lado, una fuerza política alineada alrededor del PRD, PRL sumado un grupo de partidos minoritarios. Y por otro lado, el PRM situado en el ala más izquierda del espectro político acompañado de otros partidos minoritarios.

A pesar de que un verdadero sistema democrático requiere de alternancia como expresión de la diversidad política, además de  ser un mecanismo de encauce para los descontentos sociales, las fuerzas conservadoras no han cesado en el intento por afianzar un sistema unipartidista.

Sin embargo, en la actualidad, no podemos hablar de la existencia de un unipartidismo propiamente dicho, en República Dominicana. Pues los sondeos publicados los últimos meses y los primeros resultados indican una fuerte tendencia hacia el fortalecimiento del bipartidismo, a pesar de las dificultades del PRD  para construir una mayoría ganadora o una oposición fuerte –desde 2004- que han sido altamente beneficiosos para contener los efectos negativos del descontento con el gobierno.

Referencias:

Espinal, Rosario. 2010. “Matemática del transfuguismo”. En periódico Hoyde 30 de marzo de 2010

Autora: Victoria Sánchez García

Graduada en Ciencias políticas y de la Administración por la Universidad Pablo de Olavide. Máster en Comunicación Política e Institucional de la Fundación Ortega y Gasset y USC.
Imparte formación en Comunicación Política y Campañas Electorales para cargos públicos. Ha trabajado en las últimas Elecciones Generales de España (2015).
Ganadora del Premio Ankaria de Periodismo 2015.

 

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