Uno soledad, tres multitud

Tras una segunda cita electoral, con los niveles de abstención más elevados de la historia democrática y un coste electoral que ha supuesto que el Partido Popular vuelva a meter la mano en la hucha de las pensiones, aún hay muchos que no son conscientes de que el paradigma político ha cambiado.

Las tradiciones han quedado obsoletas, el discurso del miedo ha pasado de moda y las mayorías absolutas han dejado de existir. Ahora toca sentarse a negociar medidas y no sillones. Medidas y no ministerios. Medidas y no protagonismo.

La rumorología a pie de calle apunta a unas terceras elecciones porque los dos grandes titanes no están dispuestos a ponerse de acuerdo, pero, ¿Debemos permitir este tipo de desplante a los ciudadanos? ¿Qué pasaría si les quitásemos el sueldo a los políticos hasta que se pusiesen de acuerdo? Y, ¿qué pasaría si las elecciones las pagasen los propios partidos políticos? ¿Por qué tenemos que hacer frente los ciudadanos a esta irresponsabilidad política?

Si los políticos bajaran de su “castillo de cristal” y se enfrentaran a la realidad del día a día podrían apreciar lo poco que los ciudadanos saben acerca de sus medidas. La solución pasa por dejar de pensar en elecciones y empezar a pensar que están rompiendo un país en el que merece la pena vivir y crecer.

Ha llegado el momento de dialogar, hablar y pactar medidas para España pero parece ser que las peleas entre PP y PSOE son más importantes que acabar con el paro y la corrupción.

¿Se puede permitir el Señor Rajoy tantas exigencias cuándo ha protagonizado la trama de corrupción más nombrada en la historia?

¿Se merece el Señor Rajoy protagonizar un gobierno cuando no es capaz de limpiar su casa de corrupción?

En cualquier caso, los mínimos a los que se refiere el Señor Rajoy para formar gobierno deberían pasar por no dar la espalda al Señor Sánchez y contar con la presencia del señor Rivera. Formar un gobierno de partidos constitucionalistas va más allá de presidir un país u obtener un sillón y parece ser que los populares aún no han entendido los deseos de los ciudadanos.

Hemos tenido que sufrir unas segundas elecciones para que el Señor Rajoy se dé cuenta que las mayorías absolutas están acabadas y que llegó la hora de negociar medidas para España.

Del mismo modo que el PSOE gobierna en Andalucía con un Pacto con Ciudadanos y en Madrid con el PP, no es algo desorbitado que se forme un gobierno a tres a nivel Nacional. La clave pasa por pactar medidas, independientemente del color político del que vengan. Esa ha sido la clave del gobierno en Andalucía y en Madrid para llevar a cabo propuestas que están beneficiando a los ciudadanos en sólo un año de legislatura.

Pero lo cierto es que las posiciones de salida de los partidos y la experiencia de estos cuatro meses hacen imposible aventurar acuerdos tras el 26-J lo que hace que la economía en nuestro país se vea bloqueada, al igual que medidas sociales y empresariales.

Tras las elecciones del 20-D algunas de las formaciones eliminaban la idea de una nueva cita electoral, pero aquí nos encontramos, a escasos días de la formación del Congreso y sin acuerdos entre las tres principales fuerzas políticas.

El Señor Rajoy sostiene que a finales de julio puede haber Gobierno, con la única condición de que él esté al frente, pero la experiencia de estos meses aconseja un cálculo más realista que lleva a mediados de agosto y con incertidumbre.

Esperemos que la responsabilidad y coherencia primen las negociaciones y no nos veamos abocados a unas terceras elecciones, las cuales serían un total y rotundo fracaso de la democracia española.

Autora: Irene Carmen de Dios Gallego

Licenciada en Ciencias políticas , Derecho y Máster en Abogacía en la Universidad Pablo de Olavide y en la UNED. Ha sido coordinadora de la Campaña Nacional para los candidatos al Congreso de los Diputados de Sevilla y responsable de Acción Política a nivel Autonómico con Ciudadanos.

Voluntaria en el Departamento Jurídico de la ONGD TeTocaActuar y Asesora jurídica en Jarana Asesores.

 

Uno soledad, tres multitud
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