De Venezuela, Rivera y Podemos

  • Venezuela entró de lleno en la agenda y se instaló como atípico tema entre los candidatos.

Fuente: El Confidencial

Inédito. Así fue el rodaje del eje electoral en esta pre-campaña a las elecciones generales del 26J en España. La pasada semana la diatriba política traspasó el océano Atlántico y más de 7 mil kilómetros después aterrizó en Caracas. Sí, esa capital, la más violenta del mundo, de la que algunos ahora quieren hablar mucho y a otros ya no les conviene tanto. Nunca llueve a gusto de todos.

Venezuela entró de lleno en la agenda y se instaló como atípico tema entre recaditos de los candidatos, en las tertulias de los medios, en el Consejo de Seguridad Nacional del gobierno en funciones y, por supuesto, en twitter donde parece que todo vale.

Sin duda, hay una instrumentalización con lo que acontece en el país caribeño, pero también hay una responsabilidad en denunciar lo que allí ocurre. Existen razones centrales para que ese país sea sujeto propio de la actualidad en clave española: los nexos ideológicos y económicos de los principales líderes de Podemos con la revolución chavista-madurista y la defensa que hacen aún hoy del régimen.

Es cierto, ya no lo hacen con la boca grandota y puño en alto, de sus labios probablemente no saldrá más aquello de que el modelo bolivariano es muy bueno para aplicar en el sur de Europa. Ahora el discurso oficial y oficioso es la “socialdemocracia”, pero en los hechos defienden a Maduro y justifican lo que allí ocurre: “no hay presos políticos, sino políticos presos”, aunque organizaciones internacionales como Human Right Watch hayan denunciado los atropellos judiciales o el Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas haya ordenado ya, desde finales de 2014, la liberación inmediata de todos los presos políticos incluyendo a Leopoldo López y decenas de estudiantes que aún permanecen detenidos por las protestas de ese año.

Y es como mínimo llamativo que ahora cuando el país vive una crisis social, política, económica, de emergencia alimentaria y sanitaria, no interesa hablar de Venezuela ni visitarla, pero durante diez años sí fue ‘chévere’ pasearse por Miraflores -el Palacio Presidencial- o por el Hotel Anauco Hilton y de paso hacer caja en billetes de los verdes mientras los venezolanos no han podido ni pueden sacar desde 2003 un solo céntimo de dólar al exterior por el férreo control de cambio.

Entonces cuando un político va durante 36 horas invitado por la esposa de un preso político y la Asamblea Nacional, eso es injerencia, oportunismo y un largo etc. Se puede discutir y son discutibles las razones y los intereses de cada quien, pero no la pertinencia de hacerse eco de la situación dramática que atraviesa un país como Venezuela que valga recordar, fue muy solidario con miles y miles de españoles cuando las cosas aquí no estaban bien.

Y, además, si nos ponemos en clave de pre-campaña, Albert Rivera logró su objetivo táctico frente a sus contrincantes: que se hablara de él y que su visita estuviera en el tapete mediático. Basta ver a los periodistas que lo esperaban a su llegada en el aeropuerto de Barajas cual rockstar. Punto para él. Se trata del juego electoral y cada candidato pone el acento donde quiere o donde le conviene, incluso en política exterior.

¿Pero cuál es el meollo del asunto?

El tema de fondo trasciende más allá de las elecciones españolas. Venezuela es un problema para Podemos. La piedrita en el zapato que molesta día sí y día también a sus fundadores. Y tiene difícil solución. Romper con ese cordón umbilical es tan cuesta arriba como desandar el camino andado juntos. Volteársele al régimen de Caracas es rudo, muy rudo. Ellos lo saben. Conocen las entrañan del régimen y su alcance para destruir enemigos.

Y hay malas noticias. He aquí la razón más importante: de Venezuela se va a seguir hablando. Y con cada vuelta de tuerca de Nicolás Maduro para mantenerse en el poder va a ser cada vez más inverosímil defender lo indefendible, aunque algunos se refieran en twitter a la nación suramericana como “el cansino tema”, “Vene-cuela” o que todo “es manipulación”.

The New York Times, Washington Post, The Economist, BBC World, The Guardian, Wall Street Journal, por nombrar solo algunos medios, aparte de la prensa latinoamericana y española, le han dedicado portadas, editoriales y reportajes a Venezuela las últimas semanas. ¡Sorpresa! El mundo gira más allá de Podemos y no todo es un complot en contra de su líder supremo que va a asaltar los cielos.

La Venezuela de hoy es noticia global porque se hunde, así de sencillo, inexorablemente se hunde tras aplicar durante 17 años un modelo -el Socialismo del Siglo XXI- que pasará a la historia por su dudoso éxito: llevar a la ruina a uno de los países más ricos del mundo, con el agravante de hacerlo justo cuando recibió la mayor bonanza de ingresos por concepto petrolero, más de dos billones de dólares. Sí, leen bien, no es error de tipeo. Más dos mil millones con todos sus ceros. “Si se arma una torre de billetes de 100 dólares se puede alcanzar la distancia que hay entre la tierra y la luna ocho veces”, se explica en una investigación realizada por el ex analista financiero y ex funcionario del Banco Central de Venezuela Orlando Zamora.

Y no hay enemigo externo al que echarle la culpa, se esfumaron y los gastaron a discreción sin contrapoderes. Y como no fue suficiente el saqueo, se endeudó al país por varias generaciones a través del Fondo Chino y se quintuplicó la deuda externa del sector público. Y ahora mientras usted lee esto venden las reservas de oro y rematan los pocos activos que quedan.

Así pues que cuando mejor debería estar el país, peor está. De acuerdo a Transparencia Internacional, Venezuela es el noveno país más corrupto del mundo solo superado por Somalia, Corea del Norte, Afganistán, Sudán, Sudán del Sur, Angola, Libia e Irak.

Y entonces el simpar Nicolás Maduro dice en cadena de radio y televisión que si se lanza a las elecciones en España gana, cosas raras se han visto pero en Venezuela lo tiene complicado con un 80% de rechazo promedio en todas las encuestas.

¿Algunas razones?

Venezuela es el país con mayor inflación del mundo -en 2015 fue del 200% y el pronóstico para este 2016 es de 700% de acuerdo al Fondo Monetario Internacional-. Según esta

institución el país tiene el peor crecimiento económico del mundo, es el noveno con la peor tasa de desempleo, el segundo con la mayor tasa de homicidios y una tasa de mortalidad infantil en los hospitales públicos 100 veces peor a los últimos cuatro años. El llamado Bolívar Fuerte es una moneda residual que ha perdido el 99% de su valor desde 2012.

Todos los venezolanos, pero en especial los más pobres a los que juraron defender, pagan día a día este desmadre en forma de crisis de violencia, de alimentos, salud y medicamentos. De acuerdo a un estudio de la Fundación Bengoa, nueve de cada 10 personas no pueden comprar los alimentos de la dieta diaria con los ingresos que perciben. El 87% de los hogares venezolanos no cuenta con recursos suficientes para adquirir alimentos que completen su ingesta diaria y hoy sólo un 19% de la población se puede considerar que no es pobre.

El desabastecimiento alcanza el 80% de los productos básicos y según el gremio farmacéutico, el 90% de los medicamentos considerados básicos por la OMS han desaparecido de los anaqueles.

¿Le ponemos cara y nombre a estos porcentajes? Oliver Sánchez. El niño de ocho años con linfoma de Hodgkin, cuya foto se volvió viral tras asistir con su mamá a una protesta de finales de febrero convocada por enfermos en Caracas, en su pancarta solo ponía “Quiero curarme, paz, salud”.

Las redes sociales -como a tantos otros venezolanos- sirvieron a sus padres para conseguir medicamentos y antibióticos, pagaron su terapia hasta que pudieron y luego de recorrer la sala de emergencias de tres hospitales públicos donde no consiguió una cama, Oliver entró en coma. Murió el pasado 24 de mayo. Y no es la excepción, es apenas el símbolo del drama de un país que al igual que Oliver languidece poco a poco. Incapaz de garantizar la vida a sus ciudadanos aunque algunos en España no quieran verlo.

 

Autora: Sonia Lloret

Soy una periodista con más de 20 años de trayectoria, principalmente en medios impresos y online tanto en Latinoamérica como España. Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política por @cigmapucjc y Estudios Internacionales por @UniBarcelona, actualmente colaboro en distintos proyectos especializados en #compol y marketing político, pero no siempre fue así. Mis derroteros profesionales me han llevado por muchos, variopintos y divertidos destinos editoriales. He escrito para diversas fuentes y el reportaje, la crónica y la entrevista de personalidad o semblanza han sido lo que más han tecleado mis dedos en el ordenador, pero la política siempre ha orbitado a mi alrededor. Es más, incluso cuando me escribí en periodismo en la universidad mi segunda opción fue ciencias políticas. Así que un día no hace tanto me dije a mi misma: “ es hora de reciclarte y especializarte en comunicación política”. Y en estas estoy. En campaña permanente de formación.

 

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Comments

  1. Mercedes

    Excellente artículo, muy bien escrito y describe mu bien la lamentable situación en Venezuela.