Y si no fue un error…

  • “Estos debates no aportan mucho más que oportunidades para la oposición”
  • “Construir legitimidad del candidato y visualizarle como presidenciable quedaría anulado por innecesario”

Los debates siempre son uno de los puntos álgidos de toda campaña electoral. O al menos, eso nos gusta pensar a los interesados en comunicación política. De ahí el revuelo armado estas semanas cuando Antena 3 comunicó la ausencia del Presidente del Gobierno de su debate a cuatro. En su lugar, y como representante del Partido Popular, iría una vicepresidenta fajada ya en mil batallas y con un gusto creciente por la visibilidad mediática.

La polémica estaba servida, las redes sociales plagadas de ‘memes’, y el resto de candidatos no iban a desaprovechar la oportunidad de afear a Rajoy su ausencia. Sin embargo, como analistas debemos ir más allá del ruidoso titular para poder detectar cuáles han sido los motivos que han llevado a su equipo de campaña a desaconsejar al presidente este tipo de debates.

Para comenzar debemos recordar las características esenciales que en el conocido como ‘enfoque democrático’ se le atribuyen a los debates en campaña. En primer lugar se les arroga capacidad de establecer una agenda de temas que dependiendo de su ubicación en el calendario pueden, o no, fijarse como ‘topics’ de campaña. Además también son utilizados para legitimar a los candidatos, es decir para visualizarles de cara a los ciudadanos como presidenciables. Y en tercer lugar, la característica más palpable de todos ellos, la de intentar persuadir al electorado para conseguir su voto asociando un tema de agenda pública a alguno de los candidatos.

A partir de este punto, si vamos desgranando las características del presidente del Gobierno y uniéndolas al planteamiento de campaña que han hecho desde su partido, veremos que estos debates no aportan mucho más que oportunidades para la oposición. Rajoy es un candidato del todo conocido por los españoles, para bien o para mal. Sus cuatro años como ministro o vicepresidente en el Gobierno de José María Aznar, más sus ocho años como jefe de la oposición durante las legislaturas de Rodríguez Zapatero, unidos a los cuatro años como presidente no dan lugar a duda. 16 años en la primera línea política son más que suficientes como para que los ciudadanos tengan una opinión formada del candidato. Por lo tanto una de los objetivos del debate, como es el de construir legitimidad del candidato y visualizarle como presidenciable quedaría anulado por innecesario.

Además, a esto se le une una campaña centrada en el ‘leitmotiv’ del Ejecutivo, la recuperación económica. Un mensaje que es del todo verosímil para un Gobierno que dejó de lado las reformas de carácter político/ideológico para volcarse en su relato económico, en lo que definieron como el “gran objetivo nacional”. Tanto es así, que la asociación candidato/tema tampoco es necesaria. En la mente del elector la economía ya está activada como elemento de decisión de voto, y asociada en el caso de que su conclusión sea favorable a la papeleta del partido de Génova. Esto nos lleva a anular la tercera característica clásica de todo debate, la ‘agenda setting’. Al acudir al debate el resto de partidos intentarían activar otros temas de carácter social en los que el Presidente no tendría un discurso tan trabajado.

A este análisis hay que unir dos circunstancias que no hay que perder de vista. En primer lugar que el votante del Partido Popular desde 2004 está acostumbrado a una campaña de marca/partido, y ese mensaje lo puede trasladar igualmente la vicepresidenta, mucho mejor valorada, según el CIS. Y en segundo lugar, hay que señalar que Rajoy en los últimos meses está inmerso en una intensa campaña de humanización de su personaje público. A nadie se le escapa el objetivo de esas imágenes tomando el aperitivo en un bar de barrio, participando en una tertulia de fútbol radiofónica, o su famosa entrevista en el programa de Bertín Osborne seguida por más de 4 millones de espectadores. Y es que al fin al cabo, su electorado necesitaba saber que había una persona detrás de esas duras medidas. Su mensaje ya lo conocen desde hace tiempo.

 

Autor: Héctor López Gil

Licenciado en Periodismo y Publicidad y RR.PP por la Universidad CEU San Pablo. Máster en Comunicación Política e Institucional de la Fundación Ortega y Gasset (Madrid) y USC. Miembro de CC/Europa.
Actualmente realizo labores de Ejecutivo de Cuentas en la agencia de comunicación Tinkle.

 

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